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Carta de la Priora General

Carta de la Priora General – Adviento 2022

Por | 2022, Carta de la Priora General

 

Queridas Hermanas:

Una vez más el Senor nos regala iniciar este tiempo fuerte – como nos dice la Iglesia – que es el tiempo de Cuaresma; tiempo en el que debemos  reflexionar sobre nuestra fe y prepararnos para la Pascua, para ese gran acontecimiento pascual, por lo tanto también tenemos que reflexionar sobre nuestra vida: cómo la llevamos tanto personal como comunitariamente. La Iglesia nos pone como tres pilares, que desarrolla Jesús en el  evangelio del Miércoles de Ceniza,  Mateo 6,1-6.16-18.

En este texto nos ofrece los tres pilares de la vida cristiana, que son la oración, el ayuno y la limosna. Y nos lo propone de una forma humilde, sencilla, sin vanidad.

Nos  propone una oración sencilla, íntima, profunda, oculta, nada de exterior; una oración en la que sólo busquemos su mirada y su corazón, y quiere que sea un diálogo con Él, que escuchemos su Palabra, en la que encontraremos lo que Él quiere que hagamos. Que en este tiempo de oración tengamos presentes las necesidaes de todos nuestros hermanos, las difíciles situaciones por las que estamos pasando toda la humanidad, situaciones religiosas, políticas, económicas…

La penitencia que hagamos no sea exterior, como lo hacian los fariseos, sino más bien ponernos en la piel del otro, en los zapatos del que sufre, en revisar nuestras actitudes y acciones, en ver qué deseos tenemos en darnos  y ayudar a los demás. Que sepamos ayunar de  tantas cosas que nos complican la vida y que hacen que perdamos la paz; que dejemos a un lado las relaciones que nos hacen mal, y también hacen mal a los demás.  Que sepamos ayunar de tantas desilusiones,  de tantas preocupaciones, de tantas palabras enfermizas, de tantas indiferencias… y que sepamos abrirnos a los demás como hermanos.

La limosna que quiere es que nos preocupemos exigentemente por las necesidades del otro, del más proximo, del que sufre, de nuestras hermanas que se sienten solas, enfermas, mayores… Estemos atentas, dándoles parte de nuestro tiempo con palabras de aliento, que consuelen y estimulen a quien veamos triste. Muchas veces, solamente es suficiente con ser amables,  regalar una sonrisa, decir una plabra que estimule, que alegre en medio de tanta indiferencia como vemos con tanta frecuencia.

Pidamos al Señor  que en estos días de cuaresma nos  muestre el camino del amor, de la compasión, de la amabilidad, del perdon, y de la buena acogida a todos.

Que María, nuestra guía en el itinerario cuaresmal, nos lleve a un conocimiento cada vez más profundo de Cristo, muerto y resucitado. Ella, la fiel sierva de su Hijo interceda por cada una de nosotras ahora y siempre.

            A todas os deseo una santa Cuaresma y una Feliz Pascua de Resurreccion.

 

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

 

 

                                               Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

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Carta de la Priora General – Adviento 2021

Por | 2021, Carta de la Priora General

Adviento 2021

Queridas hermanas:

         La palabra “Adviento“ viene del latín adventus, que quiere decir “venida”; es el tiempo de preparación para la segunda venida del Senor. Adviento, como tiempo que prepara la Navidad, se reduce a cuatro semanas, pero el Adviento verdadero no tiene límite de tiempo, es cosa de todo el año y de cada día; es una actitud del alma.

         Entre lo más significativo de este tiempo, sobresale la esperanza, un valor de alto estímulo frente a tanta rutina, desaliento, cansancio o mirada corta. Todas necesitamos imperiosamente la esperanza, sin ella es imposible sobrevivir.  La esperanza que ha animado  a tantas generaciones de creyentes, nos sale al paso de manera especial en cada Adviento.

         JESÚS  es  la mayor esperanza posible para que la humanidad entera y cada una de nosotras podamos avanzar.  Él se nos acerca a diario de distintos modos y mediante símbolos variados: su palabra, la comunidad, los sacramentos, los pobres, ciertos acontecimientos, la cruz de cada día… Nos encuentra a ras de suelo, en la calle, en los caminos…. El Evangelio de este primer domingo lo  expresa con alta animación:  “¡Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberacion!”

         La Sagrada Escritura en este tiempo al hablarnos de la esperanza, nos presenta las grandes figuras de la esperanza en el Adviento.

         El primero es San Juan Bautista, el precursor del Señor, el que allanó el camino con su esperanza  para la venida de Cristo, a través de su estilo de vida penitencial y su predicación, sin importar las consecuencias.

         Pero los grandes modelos de la esperanza del Adviento son María y José.

         José, de la ciiudad de Nazaret en Galilea, de la casa y linaje de David (cf. Lc 2,4) desposado con María. Hombre recto, de esperanza, que tuvo que confiar mucho en Dios para cumplir el papel que tenía por delante, como lo describió en un sueño un ángel que le dijo que el hijo que nacería de María fue concebido por el Espíritu Santo y se llamaría Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados.  José se presenta como el hombre que confió en Dios en todo momento, por difícil que fuera su papel.

         María tiene muchos títulos de honor, pero su título especial es “Nuestra Señora de la Esperanza”.

         Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han vivido santas.  Son luces de esperanza. Ciertamente, Jesucristo es la verdadera luz… pero para llegar a Él también necesitamos luces cercanas: personas que brillen con su luz y nos guíen en nuestro camino. ¿Quién más que María podría ser una estrella de esperanza para nosotras? Con su Sí abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; ella se convirtió en el santuario viviente de la Alianza, en el que Dios se hizo carne, se convirtió en uno de nosotros y lanzó su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14).

         Cuando se le presentó la invitación para ser Madre de Dios, María se preguntó cómo podría desempeñar el papel.  Pero ella nunca dudó, creyó que se cumpliría lo que le fue dicho por el Señor.

         Miremos  a María y José como verdaderos modelos de esperanza en este sagrado tiempo de Adviento.  Vivámoslo con gozo.

         Delante del pesebre en el día de Navidad renovemos nuestro compromiso de ser portadoras de esperanza en el mundo.

 

         ¡Feliz Adviento y Navidad!

                                                        

 

                                                                  Un fraternal abrazo y mi oración,  

                                                                  Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                                            Priora General

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Carta de la Priora General – Ntra. Sra. del Rosario

Por | 2021, Carta de la Priora General

 

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO 2021

 

Queridas hermanas:

            Estamos comenzando el mes de octubre, el  llamado “mes del Rosario” y en él celebramos la fiesta de Nuestra Madre, la Virgen del Rosario.   ¿Què  mejor manera de honrarla que rezando el rosario?  Tantas veces ella misma se ha aparecido con “rosario en mano”. A ella le gusta, porque aunque pueda parecer que el  rezo del rosario es una manifestacion de piedad mariana (desde luego lo es), sin embargo su fundamento es cristológico, el protagonista es Jesucristo, el Hijo de Maria Virgen.

            En efecto, los diversos misterios del Rosario, son como  “fotografías“ de momentos emblemáticos de la vida  de Jesús vistos desde la mirada de Maria. En el evangelio del día de su fiesta (Lc 1, 26-38), contemplamos el misterio de la Anunciación del arcangel San Gabriel a la Virgen.  Es muy importante el diálogo entre el mensajero y María; importante en su SÍ, “hágase en mí según tu palabra”. Importante porque marcó el comienzo de la realización de la promesa de salvación: la Encarnación del Hijo de Dios. El protagonista es Jesús que se encarnó en su vientre; María actua como instrumento.

            El rosario es una oración sencilla y profunda que nos conduce a la contemplación del rostro del Señor. De las manos de María vamos al Hijo. En la contemplación de cada misterio del rosario podemos aprender de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y experimentar la profundidad de todo el mensaje evangélico. El rosario se nutre directamente de las fuentes del Evangelio, por lo tanto nos facilita la asimilación de los valores evangélicos.

            Con razón, el Papa San Pablo VI, dijo del Rosario que es un compendio del Evangelio; pero  sin  contemplación, es un cuerpo sin alma y su rezo corre peligro en convertirse en una repetición mecánica.  El Rosario exige un rezo  pausado, reflexivo, atento que facilite la meditación de los misterios del Senor, vistos a través del corazón de Maria.

            Hermanas, que Nuestra Madre, la Virgen del Rosario, nos ayude a fortalecer nuestra unión y comunión con Cristo.

¡FELIZ DÍA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO!

                                                                                   Un fraternal abrazo y mi oración,

 

                                                                                   Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                                                                  Priora General

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Carta de la Priora General – Santo Domingo de Guzmán 2021

Por | 2021, Carta de la Priora General, Sin categoría

Queridas hermanas,

Un año más el Señor nos regala la posibilidad de celebrar la fiesta de Nuestro Padre santo Domingo. Este año en el contexto del octavo centenario de su «dies natalis” cuyo tema de celebración es “En la mesa con Santo Domingo de Guzmán”. Dicho lema deriva de la pintura denominada «Mascarella» la cual es la pintura más antigua sobre Santo Domingo y que refleja uno de los pilares fundamentales de la Familia dominicana «La Vida Común; una mesa en torno a la cual se sientan sus hijos/as como familia, en comunión y comunidad.

            Y es que la vida comunitaria para Santo Domingo constituye un valor y un pilar fundamental. Teniendo que escoger una Regla para la Orden, escogió la de San Agustín que comienza recordando a los religiosos que «ellos habitan en una misma casa para formar una sola familia y tener un solo corazón y una sola alma en Dios».  La vida comunitaria es el suelo fértil donde cobra fuerza la misión, la predicación, por eso a sus novicios les pedía dos cosas antes de aceptarlos en la Orden: obediencia y compromiso de vida comunitaria. 

            Queriendo imitar en toda la vida de los Apóstoles, Domingo tenía como modelo para la comunidad de sus hermanos la primitiva comunidad apostólica. En esta comunidad los primeros cristianos «acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo”. 

            Domingo vivía integralmente la vida comunitaria. Participaba siempre en los actos de la vida común y se sometía en todo a la comunidad.  «Observaba en todo y por todo la Regla -dicen los testigos en el proceso de canonización- y no se dispensaba con facilidad.  Seguía totalmente a la comunidad en el coro, en el comedor y en los demás lugares.  » En cuanto a las comidas y a los horarios, se adaptaba en todo a la comunidad, y aunque pasase con mucha frecuencia las noches orando en la iglesia, participaba siempre con sus hermanos en el rezo matutino». Pero la vida comunitaria no se realiza sólo con la presencia en los actos comunes, podemos estar presentes físicamente pero muy lejos afectivamente; de todas es sabido los gestos y detalles de cercanía y ternura de nuestro padre para con las monjas y hermanos. Santo Domingo nos enseña que la vida en común exige caridad con las debilidades de cada hermana, inclusión y participación activa de cada una en la marcha de la comunidad, alegrarse con la que está alegre y compadecer a la que está triste, escuchar y aceptar a todas.

            Significa también poner todo en común; no sólo lo material, el fruto del propio trabajo, sino también los valores, dones y cualidades de los que goza cada hermana; compartiendo  las propias ideas, ayudándose mutuamente y anteponiendo el bien común al bien personal.

            Creo que si Domingo fue un ejemplo de vida comunitaria fue debido a su humanidad, porque era plenamente humano.

La humanidad de Domingo está hecha de contrastes: vigor y ternura, decisión y apertura, firmeza y compasión.

Domingo tuvo que superar muchos obstáculos, muchas adversidades en su vida, sin embargo, nada de dureza, rigidez e intolerancia se descubre en su carácter. Según la memoria de quienes convivieron con él, Domingo destacaba sobre todo por su ternura, sensibilidad y compasión, virtudes que humanizan.

Vivió y experimentó plenamente lo que afirma Papa Francisco “sólo la ternura puede cambiar las personas”.

A Domingo se le rompía el corazón y se le conmovían las entrañas ante el sufrimiento y la necesidad ajena. Salía de sí mismo para ponerse en el lugar del otro, sintonizaba fácilmente con el dolor y alegría de los demás. Tenía un trato cálido y humano con todos, rasgos de su auténtica humanidad; no sólo se compadecía internamente, también reaccionaba ante las injusticias y necesidades de los demás. Conocemos muy bien los múltiples episodios de su vida en que intentó remediar el mal ajeno a cambio incluso de entregar su propia vida.

El Maestro de la Orden, Fr. Gerard, nos interrogaba en una de sus cartas a causa del jubileo: ¿Qué significa para nosotros estar a la mesa con santo Domingo aquí y ahora?

 Hemos de hacernos esta pregunta en este tiempo en el que aún el miedo al contagio del Covid 19 nos amenaza e interpela y puede servir como excusa para “mantener las distancias”.

 Pienso que sentarse hoy a la mesa de Domingo implica ante todo estar atentas a las necesidades de la hermana, a la más débil, a la más necesitada y a la que aparentemente es autosuficiente; escuchar pacientemente a cada una, sus miedos, sus preocupaciones, sus ansias y promover que cada hermana pueda expresar libremente sus preocupaciones y ser consolada con respeto y amabilidad. No todas tenemos la misma sensibilidad y vivimos los “temores” de igual manera, “las más fuertes han de sobrellevar las flaquezas de las más débiles”. 

Sentarse hoy a la mesa de Domingo nos compromete a atrevernos a hablar mutuamente y con veracidad de lo que nos preocupa en nuestra comunidad, de lo que nos molesta y de lo que nos agrada y también de lo que preocupa  a nuestros hermanos los hombres; para ello hemos de apoyarnos, sostenernos mutuamente y discernir seriamente qué es lo que hoy urge en nuestra sociedad.

Una comunidad no avanza ni humana ni espiritualmente si no se alimenta, se expresa y se sacramentaliza con gestos, actitudes y palabras. Sólo si expresamos nuestra humanidad y ternura como lo hizo nuestro padre podremos testimoniar la grandeza del  amor y comunión y reaccionar ante los gritos de injusticia y necesidades de la humanidad. Domingo observa la realidad de su entorno y se implica y compromete para hacer un mundo un poco mejor.

Aprendamos de Domingo a prestar atención a las hermanas con las que convivimos, a asumir y acoger sus debilidades y vulnerabilidades, como él asumió la de los frailes con los que convivió, pero evitando cerrarnos en nosotras mismas y abriendo, como él hizo, nuestros ojos, oídos y brazos al llanto del necesitado.

Creo que Domingo se sentiría feliz hoy, viviendo en comunidades donde hay inquietud por quererse y apoyarse, y por discernir los signos de los tiempos para hacer que esta humanidad sea un poco menos doliente.

FELIZ FIESTA DE STO. DOMINGO. Que este año jubilar nos sirva para renovarnos seguiendo las enseñanzas de nuestro Padre.

 

Un fraternal abrazo y mi oración,

 

                                                 Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

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Carta de la Priora General – Santa Catalina de Siena 2021

Por | 2021, Carta de la Priora General

Queridas Hermanas,

El día 29 celebramos la fiesta de nuestra hermana Santa Catalina de Siena y quisiera compartir con todas vosotras estas reflexiones.

Hablar de Catalina de Siena, es hablar de una de las figuras más admirables y entrañables de la Iglesia Católica. A lo largo de su vida, esta mujer sencilla sirvió incansablemente de manera humilde y sacrificada, servicial y generosa, con una entrega sin limites y valiente, al mandato de su Señor, al servicio de la Iglesia y del Romano Pontífice.

En Catalina el hablar de la Iglesia no es una manera de hablar cualquiera: es hablar de la Iglesia con pasión; la Iglesia a la que amó, por la que vivió y murió: “Si muero, sabed que muero con pasión por ella, Iglesia que es el Cuerpo místico de Cristo.”

Hablar de la Iglesia en clave cateriniana, es hablar de una Iglesia que no se desentiende de los conflictos temporales, porque le preocupa la persona y su plena realización, pero está muy lejos de alianzas interesadas y de privilegios temporales. San Juan Pablo II, al declararla Patrona de Europa dijo “la joven sienesa entró con paso seguro y palabras ardientes en el corazón de los problemas eclesiales y sociales de su época”.

Nunca dudó en ofrecer todos los momentos de su vida por la unidad y fidelidad a la iglesia hasta la hora de su muerte. Así nos lo indica su oración en el lecho de la muerte: “Dios eterno, recibe el sacrificio de mi vida a favor del Cuerpo místico de la santa Iglesia. No tengo otra cosa que darte si no es lo que tú me has dado a mí. Toma mi corazón y estrújalo sobre la faz de esta esposa”.

Pero si observamos con detenimiento su vida, nos damos cuenta que exprimió su vida anunciando con orgullo la llamada universal a la santidad, la obediencia al Magisterio de la Iglesia, el cariño filial al Santo Padre y la certeza de que, sin Jesucristo, cualquier proyecto humano es imposible.

Cuentan que una mañana, al despertarse de una experiencia mística, Catalina confió a su confesor haber escuchado al Señor pronunciando estas palabras: “la celda ya no será tu habitación habitual, al contrario, para la salud de las almas, te tocará salir de tu misma ciudad…; llevarás el honor de mi nombre y mi doctrina a grandes y pequeños, clérigos o religiosos. Pondré en tu boca una sabiduría de la que nadie podrá resistirse. Te llevaré delante de Pontífices, los jefes de las iglesias y el pueblo cristiano, para que, a través de los débiles, yo humille la soberbia de los fuertes”.

El Padre Timothy Radcliffe, con motivo de la proclamación de Catalina como doctora de la Iglesia, dirigió a toda la Orden una carta en la que pone de relieve la actualidad de su mensaje porque “la Europa de Catalina, como nuestro mundo hoy, estuvo marcada por la violencia y por un futuro incierto…Había un declive de vitalidad en la Iglesia y una pérdida de identidad, así como una crisis en la vida religiosa. Ella  no se resignó ante este sufrimiento y división, sino que se lanzó a la nada fácil tarea de la reforma y pacificación de la Iglesia y la sociedad, y lo hizo porque la devoraba la urgencia de llevar a todos el amor y la misericordia de Dios”.

Catalina nunca sacrificó la verdad o la justicia por una paz fácil o a bajo precio. Ella supo ponerse a la altura de las circunstancias, como laica y como mujer, desempeñando un papel significativo en la Iglesia y en la sociedad. Llegó a ser en el seno de la Orden de Santo Domingo, la encarnación femenina de su proyecto evangélico, convirtiéndose para todas nosotras en un referente indiscutible a lo largo del tiempo.

Hermanas, ¿tenemos el coraje de asumir, como Catalina, la misión de ser pacificadoras en la comunidad, la Iglesia y la sociedad?

Santa Catalina, en tu fiesta te pedimos que nos enseñes a ser como tú, mediadoras de unidad, instrumentos de paz, defensoras de la justicia, amantes del diálogo con Dios y con los hermanos.

¡FELIZ DÍA DE SANTA CATALINA!

Un abrazo fraternal y mi oración,

 

 

                                                 Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

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Carta de la Priora General – Cuaresma 2021

Por | 2021, Carta de la Priora General

Muy queridas Hermanas,

           

            Un año más nos adentramos en el tiempo de Cuaresma y el Señor pone ante nosotras la opción de tomarnos un tiempo más dedicado a la oración. La Cuaresma es un tiempo perfecto para volver a lo sencillo, a lo pequeño, a lo escondido.  Y, desde allí lo que nos tienta, limpiar el corazón.  ¡Qué tiempos estos que nos han tocado vivir! En este escenario de muerte y enfermedad, de desesperanza y miedo, nosotras estamos llamadas a ser la luz de la esperanza, las mensajeras del amor y el perdón de Dios. Y esa luz solo brilla cuando la alimentamos con la oración y la contemplación callada, expectante.

            En este tiempo de Cuaresma que comenzamos, renovemos nuestra decisión de dejarnos transformar por la abundancia de la misericordia de nuestro Dios.

            El Santo Padre en su mensaje de cuaresma nos propone el ayuno, la oración y la limosna, que son las condiciones y la expresión de nuestra conversión.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

            La ORACION, que nos mantiene despiertas al Misterio de amor que nos habita. Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotras. La oración nos permite encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

            La fe nos llama a acoger la Verdad que se manifestó en Cristo y a ser sus testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

            El Papa Francisco nos dice que, en el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza, como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y decisiones de nuestra misión. A veces para dar esperanza, es suficiente con ser una persona amable, que deja a un lado sus preocupaciones para prestar atención al otro, bien sea con una sonrisa, con una palabra de estímulo, o simplemente con un tiempo de escucha.

            El ayuno. El ayuno vivido como experiencia de privación, para abrir nuestro corazón y misericordia hacia aquel que está en necesidad. El ayuno nos libera de todo lo que nos ata y compartámoslo con los pobres y necesitados, sabiendo que, todo lo que hagamos por ellos, lo estamos haciendo por el mismo Dios. Preguntémonos cómo impactan en nosotros las necesidades de los más pobres y cómo actuamos en consecuencia. Lo poco que tengamos, si lo compartimos con amor, transforma nuestra vida y crea felicidad.  Compartir nos dice el Papa, nos hace más humanos, mientras que acumular conlleva el riesgo de embrutecernos ya que nos cerramos a nuestro propio egoísmo.

            La caridad es un don que da sentido a nuestra vida. Vivir una cuaresma en caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, víctimas de los flagelos de nuestro tiempo, abandono, angustia, con un futuro incierto a causa de la pandemia de COVD 19.

            Hermanas, en este tiempo de cuaresma revisemos nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios, para cambiar nuestro corazón y aprender a vivir de una manera más humana, porque Dios está cerca y quiere sanar nuestra vida. Por eso la conversión no es algo triste, sino el descubrimiento de la verdadera alegría.

            Pidámosle a Maria, nuestra Madre, que sea Ella quien nos mantenga decididas y despiertas en esta Cuaresma y que nos ensene a dejarnos despojar cada día para aprender a vivir con alegría la libertad de hijas de Dios.

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

 

 

                                                 Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

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Carta de la Priora General – Adviento 2020

Por | 2020, Carta de la Priora General

Queridas Hermanas:

            Comenzamos un nuevo Ano Litúrgico, y con él, un nuevo Adviento: un tiempo de gracia y esperanza, un tiempo para estar vigilantes, para descubrir la presencia de Dios y su fuerza salvadora.

            Para los creyentes, el Adviento siempre ha sido y es también ahora un don precioso para preparase a la celebración de la Navidad.  Desde tiempos antiguos la Iglesia ha sentido esa necesidad de orientar mirada hacia el Señor glorioso, presencia de Dios en el mundo y también El que un día vendrá a nuestro encuentro al final de los tiempos.

            ¡Ven, Señor Jesús! Es el grito por excelencia de la Iglesia en el Adviento. Pero en realidad, es el grito de la humanidad y el de cada persona, desde la cola del paro o de la cola del hambre en busca del alimento necesario, y desde la cama del enfermo…

            El Evangelio de este primer Domingo de Adviento, nos invita a estar  vigilantes, en espera de la última venida de Cristo: “velad, pues no sabréis cuando vendrá el dueño de la casa (Mc 13,35.37). Es tiempo de estar atentos a tantas injusticias y desigualdades; atentos a los que más sufren las consecuencias de la pandemia; atentos a tantas gentes en el paro y sin recursos económicos para mantener sus familias, atentos a lo que nos está diciendo el Espíritu en los signos de los tiempos, atentos para descubrir el rostro de Cristo en quien lo necesita…

            Creo que solo se puede celebrar el Adviento desde una profunda solidaridad con los anhelos mas grandes de la humanidad, desde las esperanzas concretas de la gente, de la de cerca y de la de lejos, esperanzas de carne y hueso, con nombres y apellidos. Esta humanidad es la que Dios quiere y la que nosotros debemos preparar. Una oración posible para este tiempo puede ser preguntarnos qué espera la gente, cuáles son sus esperanzas reales, para ponerlas delante del Señor y decirle “¡Ven, Señor Jesús! Sobre esta realidad concreta, sobre esta persona concreta.

            El Papa Francisco en su encíclica “Fratelli Tutti” nos invita a construir una nueva humanidad más fraterna, en la que todos tengan el techo y pan necesario para vivir, en la que no exista la discriminación por motivo de raza, condición social, pobreza. Todos somos hijos e hijas de Dios, El nos ama con amor y quiere para cada uno un presente y un futuro lleno de vida. Cuidar la tierra que nos da el alimento y cuidarnos unos de otros, de manera especial de los más necesitados.

            Hermanas, recorramos este camino de Adviento, de la mano de María nuestra Madre, que Ella nos ensene a creer, esperar y amar en Él a toda la humanidad.

 A todas os deseo un feliz y santo Adviento.

Un fraternal abrazo y mi oración,    

 

Sor Mª Asunción González, O.P.

Priora General

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Carta de la Priora General – Nuestra Señora del Rosario 2020

Por | 2020, Carta de la Priora General

Queridas hermanas:

      El 7 octubre celebramos con gozo la hermosa fiesta de Ntra. Sra. del Rosario, para nosotras como dominicas, una buena oportunidad para reflexionar sobre la figura de la Virgen, sobre su gloria y sus enseñanzas.  Maria estuvo asociada en modo especialísimo a la encarnación, la pasión y Resurrección del Hijo de Dios.

      Con alegría podemos constatar cómo por diversas circunstancias el rosario ha vuelto a ponerse de moda, está nuevamente en su lugar, es decir, en las manos de los fieles, jóvenes y menos jóvenes, laicos y consagrados.

         Uno de los muchos dones que San Juan Pablo II ha dejado a la Iglesia es precisamente este: haber vuelto a poner el santo Rosario en las manos de todos. Con su ejemplo, motivó y confirmó a cuantos nunca habían abandonado esta piadosa práctica, incluso en las épocas en las que se les podría haber ridiculizado.

         Entre todas las devociones que hay dedicadas a la Virgen Maria, el rosario es la que mas identifica y une a los católicos. Es una magnifica oración que nos encamina a vivir los misterios del Evangelio, a recordar y meditar los momentos mas significativos del Salvador. El rosario es una oración evangélica, que necesita la meditación; nos ensena que, con Cristo, a través del gozo y el dolor se consigue la gloria

         En la Carta Apostólica Rosarium  Virginis Mariae: “El Rosario de la Virgen Maria, leemos …es una oración apreciada por numerosos santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue diciendo también… es una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. Es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en si la profundidad de todo el mensaje evangélico”.  (RVM n.1)

         En efecto, el Santo Rosario nos ayuda a vivir inmersas en el misterio de Cristo, casi rumiando continuamente su vida, sus palabras, su ejemplo su conducta y favoreciendo, también la identificación con Cristo.

         Nos acerca de modo especial a todo el pueblo de Dios, tanto a los simples como a los doctos, a los santos como a los pecadores. No hay ninguna oración que necesite menos preparación y, al mismo tiempo, que sea tan eficaz para el corazón y la mente del hombre.

         San Pablo VI afirmaba, “no solo no se opone a la Liturgia, sino que le da soporte, ya que la introduce y la recuerda, ayudando a vivirla con plena participación interior, recogiendo así sus frutos en la vida cotidiana” (RVM n, 4). La contemplación es el elemento esencial del Rosario, es una plegaria perfecta. Es una lectura del Evangelio en clave mariana.

         Mis queridas hermanas, confiemos constantemente nuestro camino personal de santificación y apostolado a la Virgen Maria, por medio de la oración fiel y humilde del Santo Rosario. En la historia, no nos falta el ejemplo de tantos santos que con gran eficacia pudieron llevar a cabo todo su trabajo de auténtica evangelización.

         ¡Que tengamos todas un buen mes de octubre! Que la oración del Santo Rosario nos una, como las cuentas del rosario, en un intenso  amor fraternal.

         ¡Feliz día de la Virgen del Rosario!

         Un fraternal abrazo y mi oración,

         

 Sor Mª Asunción González, OP.

 Priora General

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