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Carta de la Priora General

Carta de la Priora General – Adviento 2022

Por | 2022, Carta de la Priora General

Adviento 2022

Queridas hermanas:

De nuevo nos encontramos una vez más a las puertas del Adviento, tiempo fuerte de oracion y caridad, pero tambien de alegre esperanza, tiempo en el que nos preparamos para la venida del Señor, en una actitud gozosa, de vigilancia y acogida.  Una ocasion extraordinaria para revisar nuestra vida.  Es una oportunidad que Dios nos da para vivirlo intensamente.

En este tiempo, el Señor vino,  viene y vendrá, ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Jesús ya ha venido, y su venida transformó la historia del hombre. Su presencia – Dios hecho hombre – nos anuncia que el amor de Dios se hace realidad plena para todo el que lo quiere vivir. Sólo necesitamos cambiar el corazón, estar dispuestas a amar, a dejarnos guiar por la bondad de Dios, tratando de construir un mundo más justo, más pacífico, donde se viva la  fraternidad y la solidaridad con los más débiles y necesitados, tanto fuera como  dentro de nuestras mismas comunidades, con las mayores, las enfermas, más aún, con las que necesitan nuestra escucha, nuestro tiempo, entusiasmo,  comprensión y misericordia…

Una de las grandes figuras del Adviento es Juan Bautista,  durante estos días los evangelios nos hablarán de este precursor. Él nos invita a un Adviento activo y exigente. Celebrar la venida de Dios, en la próxima Navidad, no es sólo cosa de sentimiento y de poesía. La gracia del Adviento y de la Navidad pide disponibilidad plena, apertura a la vida que Dios nos quiere comunicar. Supone, preparar caminos, allanar, rellenar, enderezar, compartir con los demás lo que tenemos, hacer penitencia, o sea, cambiar de mentalidad.

Os invito a reflexionar en estas dos palabras que tanto se repiten en este tiempo: vigilancia y conversión.

Vigilar implica estar despiertas a la presencia del Señor en todo momento, para que podamos reconocerlo cuando venga a nuestro encuentro.  Viene como mensajero de la paz para mostrarnos los caminos de Dios. Vigilar es también tener el corazón libre, orientándolo hacia el servicio, concretamente estar atentas al prójimo, dejándonos enterpelar por sus necesidades sin esperar a que nos pida ayuda.

¿Qué me dice la palabra “conversión”? ¿Sobre qué punto de mi vida el Señor me pide que debería cambiar? ¿Qué actitudes de Jesús todavía me faltan o debo desarrollar más? ¿Soy coherente en mi esfuerzo para “amar mejor”, “rezar mejor”, “servir mejor” y “comprometerme más”?

Convertirse, es reconocer con honestidad en el  corazon nuestras debilidades, nuestro pecado; es cambiar nuestra vida y dar un paso adelante cada dia; es abrir  el camino del Senor que viene a librarnos del egoismo, del pecado, de la tibieza y de la corrupcion. Es cuando experimentamos en nuestro corazon la cercania del reino de Dios y su salvacion.  Solamente el amor de Dios nos puede sanar y llenarnos de vida.

Isaías, otro de los personajes del Adviento, nos anuncia que “nada hay que temer cuando estamos con el Señor”; y estas palabras del profeta, en un mundo  como el nuestro en que distintos tipos de sufrimiento y pobreza  son una realidad, nos abren a la esperanza ya que nos recuerdan que Dios es nuestro auxilio.

Todas somos muy conscientes de que hay muchos lugares donde ahora mismo se está viviendo una situación difícil de injusticias, guerras, catástrofes naturales, hambre, miseria… situaciones de desierto, pero todo esto podríamos mejórarlo si todos aprendiéramos a reconocer a Dios en medio de nosotros y nos comportáramos como hermanos, o al menos como humanos. Jesús de Nazaret viene al mundo para ayudarnos a encontrar a Dios en medio de nuestra historia.

También este tiempo destaca la figura de la Virgen  María. Exalta la actitud de fe y de humildad con que María se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvador de Dios. María es el modelo de espera gozosa del Señor que viene.

Que con María, abramos nuestro corazón y hagamos espacio a Aquel que ya ha venido y quiere volver a venir para darnos su alegría.  Que lo recibamos con la misma disposición interior y el mismo amor que tuvo María en el primer Adviento de la historia.

Os deseo de corazón que tengamos un feliz y santo Adviento y acojamos con humildad y alegría la venida del Señor.

Un fraternal abrazo

 

Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

 

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Carta de la Priora General – Nuestra Señora del Rosario 2022

Por | 2022, Carta de la Priora General

Nuestra Señora del Rosario 2022

Queridas  hermanas:

La Orden Dominicana hemos heredado el Rosario de Santo Domingo y de tantos hermanos y hermanas que desde siempre extendieron la devocion   a la Virgen del Rosario.

Octubre representa el mes dedicado especialmente al Rosario.  Millones de personas en el mundo lo rezan para pedir o agradecer aquello que llevan en la intimidad de su corazón, ya que sienten  a la Virgen como una madre que los acompaña.

Nosotras hoy por ser su fiesta, acudimos a Ella de manera especial, a través del rezo del Rosario.  En medio de la repitición del Avemaría, nos centramos en la persona de Jesús, en su nacimiento, vida, muerte y resurrección.  Los cinco misterios gozosos, los dolorosos, los gloriosos y tambien los luminosos tienen como protagonista principal a Jesús, nuestro hermano, amigo y salvador, pero tambien vemos cómo de una manera u otra en todos ellos encontramos la presencia de la Virgen María. Tal vez por ello, varios Papas han resaltado “la índole evengelica” de esta oración y su orientación  profundamente cristológica.

En palabras de San Pio X, ”El Rosario es de todas las oraciones la más bella, la más rica en gracia y la que más complace a nuestra Madre María.

San Pablo VI: “El rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y reflexivo remanso que favorezcan a quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor”.

San Juan Pablo II decía, “el Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad“. El Rrosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo”.

Benedicto XVI dice: “Contemplando en la Madre de Dios una existencia totalmente modelada por la Palabra, también nosotros nos sentimos llamados a entrar en el misterio de la fe, con la que Cristo viene a habitar en nuestra vida” (Verbum Domomini 28).

El Papa Francisco explica que “rezando el Avemaría, somos conducidos a reflexionar sobre los momentos centrales de la vida de Jesus, para que, como para Maria y para San Jose, Él sea el centro de nuestros pensamientos, de nuestras atenciones y de nuestras acciones.

Son muchos los relatos de santos que han expresado, con palabras maravillosas, la eficaz y, a la vez, tierna manera de acercarse a Dios a través de esta oración.

Para Santa Teresa de Calcuta:  “María es nuestra madre, la causa de nuestra alegría. Por ser madre, yo jamás he tenido dificultad alguna en hablar con María y sentrime muy cercana a ella.”

Cuando sus hijos espirituales le pidieran que les dejara su herencia espiritual, Padre Pío respondió inmediatamente sin pensar siquiera: “El Rosario”.

Hermanas, quisiera invitaros no solamente a ser amantes de esta oración del Rosario, tan dominicana, sino también a ser grandes propagadoras del mismo.

A todas os deseo una muy feliz fiesta de Ntra. Sra. del Rosario.

 

Un fraternal abrazo y mi oración,

Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

 

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Carta de la Priora General – Adviento 2022

Por | 2022, Carta de la Priora General

 

Queridas Hermanas:

Una vez más el Senor nos regala iniciar este tiempo fuerte – como nos dice la Iglesia – que es el tiempo de Cuaresma; tiempo en el que debemos  reflexionar sobre nuestra fe y prepararnos para la Pascua, para ese gran acontecimiento pascual, por lo tanto también tenemos que reflexionar sobre nuestra vida: cómo la llevamos tanto personal como comunitariamente. La Iglesia nos pone como tres pilares, que desarrolla Jesús en el  evangelio del Miércoles de Ceniza,  Mateo 6,1-6.16-18.

En este texto nos ofrece los tres pilares de la vida cristiana, que son la oración, el ayuno y la limosna. Y nos lo propone de una forma humilde, sencilla, sin vanidad.

Nos  propone una oración sencilla, íntima, profunda, oculta, nada de exterior; una oración en la que sólo busquemos su mirada y su corazón, y quiere que sea un diálogo con Él, que escuchemos su Palabra, en la que encontraremos lo que Él quiere que hagamos. Que en este tiempo de oración tengamos presentes las necesidaes de todos nuestros hermanos, las difíciles situaciones por las que estamos pasando toda la humanidad, situaciones religiosas, políticas, económicas…

La penitencia que hagamos no sea exterior, como lo hacian los fariseos, sino más bien ponernos en la piel del otro, en los zapatos del que sufre, en revisar nuestras actitudes y acciones, en ver qué deseos tenemos en darnos  y ayudar a los demás. Que sepamos ayunar de  tantas cosas que nos complican la vida y que hacen que perdamos la paz; que dejemos a un lado las relaciones que nos hacen mal, y también hacen mal a los demás.  Que sepamos ayunar de tantas desilusiones,  de tantas preocupaciones, de tantas palabras enfermizas, de tantas indiferencias… y que sepamos abrirnos a los demás como hermanos.

La limosna que quiere es que nos preocupemos exigentemente por las necesidades del otro, del más proximo, del que sufre, de nuestras hermanas que se sienten solas, enfermas, mayores… Estemos atentas, dándoles parte de nuestro tiempo con palabras de aliento, que consuelen y estimulen a quien veamos triste. Muchas veces, solamente es suficiente con ser amables,  regalar una sonrisa, decir una plabra que estimule, que alegre en medio de tanta indiferencia como vemos con tanta frecuencia.

Pidamos al Señor  que en estos días de cuaresma nos  muestre el camino del amor, de la compasión, de la amabilidad, del perdon, y de la buena acogida a todos.

Que María, nuestra guía en el itinerario cuaresmal, nos lleve a un conocimiento cada vez más profundo de Cristo, muerto y resucitado. Ella, la fiel sierva de su Hijo interceda por cada una de nosotras ahora y siempre.

            A todas os deseo una santa Cuaresma y una Feliz Pascua de Resurreccion.

 

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

 

 

                                               Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

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Carta de la Priora General – Adviento 2021

Por | 2021, Carta de la Priora General

Adviento 2021

Queridas hermanas:

         La palabra “Adviento“ viene del latín adventus, que quiere decir “venida”; es el tiempo de preparación para la segunda venida del Senor. Adviento, como tiempo que prepara la Navidad, se reduce a cuatro semanas, pero el Adviento verdadero no tiene límite de tiempo, es cosa de todo el año y de cada día; es una actitud del alma.

         Entre lo más significativo de este tiempo, sobresale la esperanza, un valor de alto estímulo frente a tanta rutina, desaliento, cansancio o mirada corta. Todas necesitamos imperiosamente la esperanza, sin ella es imposible sobrevivir.  La esperanza que ha animado  a tantas generaciones de creyentes, nos sale al paso de manera especial en cada Adviento.

         JESÚS  es  la mayor esperanza posible para que la humanidad entera y cada una de nosotras podamos avanzar.  Él se nos acerca a diario de distintos modos y mediante símbolos variados: su palabra, la comunidad, los sacramentos, los pobres, ciertos acontecimientos, la cruz de cada día… Nos encuentra a ras de suelo, en la calle, en los caminos…. El Evangelio de este primer domingo lo  expresa con alta animación:  “¡Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberacion!”

         La Sagrada Escritura en este tiempo al hablarnos de la esperanza, nos presenta las grandes figuras de la esperanza en el Adviento.

         El primero es San Juan Bautista, el precursor del Señor, el que allanó el camino con su esperanza  para la venida de Cristo, a través de su estilo de vida penitencial y su predicación, sin importar las consecuencias.

         Pero los grandes modelos de la esperanza del Adviento son María y José.

         José, de la ciiudad de Nazaret en Galilea, de la casa y linaje de David (cf. Lc 2,4) desposado con María. Hombre recto, de esperanza, que tuvo que confiar mucho en Dios para cumplir el papel que tenía por delante, como lo describió en un sueño un ángel que le dijo que el hijo que nacería de María fue concebido por el Espíritu Santo y se llamaría Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados.  José se presenta como el hombre que confió en Dios en todo momento, por difícil que fuera su papel.

         María tiene muchos títulos de honor, pero su título especial es “Nuestra Señora de la Esperanza”.

         Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han vivido santas.  Son luces de esperanza. Ciertamente, Jesucristo es la verdadera luz… pero para llegar a Él también necesitamos luces cercanas: personas que brillen con su luz y nos guíen en nuestro camino. ¿Quién más que María podría ser una estrella de esperanza para nosotras? Con su Sí abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; ella se convirtió en el santuario viviente de la Alianza, en el que Dios se hizo carne, se convirtió en uno de nosotros y lanzó su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14).

         Cuando se le presentó la invitación para ser Madre de Dios, María se preguntó cómo podría desempeñar el papel.  Pero ella nunca dudó, creyó que se cumpliría lo que le fue dicho por el Señor.

         Miremos  a María y José como verdaderos modelos de esperanza en este sagrado tiempo de Adviento.  Vivámoslo con gozo.

         Delante del pesebre en el día de Navidad renovemos nuestro compromiso de ser portadoras de esperanza en el mundo.

 

         ¡Feliz Adviento y Navidad!

                                                        

 

                                                                  Un fraternal abrazo y mi oración,  

                                                                  Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                                            Priora General

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Carta de la Priora General – Ntra. Sra. del Rosario

Por | 2021, Carta de la Priora General

 

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO 2021

 

Queridas hermanas:

            Estamos comenzando el mes de octubre, el  llamado “mes del Rosario” y en él celebramos la fiesta de Nuestra Madre, la Virgen del Rosario.   ¿Què  mejor manera de honrarla que rezando el rosario?  Tantas veces ella misma se ha aparecido con “rosario en mano”. A ella le gusta, porque aunque pueda parecer que el  rezo del rosario es una manifestacion de piedad mariana (desde luego lo es), sin embargo su fundamento es cristológico, el protagonista es Jesucristo, el Hijo de Maria Virgen.

            En efecto, los diversos misterios del Rosario, son como  “fotografías“ de momentos emblemáticos de la vida  de Jesús vistos desde la mirada de Maria. En el evangelio del día de su fiesta (Lc 1, 26-38), contemplamos el misterio de la Anunciación del arcangel San Gabriel a la Virgen.  Es muy importante el diálogo entre el mensajero y María; importante en su SÍ, “hágase en mí según tu palabra”. Importante porque marcó el comienzo de la realización de la promesa de salvación: la Encarnación del Hijo de Dios. El protagonista es Jesús que se encarnó en su vientre; María actua como instrumento.

            El rosario es una oración sencilla y profunda que nos conduce a la contemplación del rostro del Señor. De las manos de María vamos al Hijo. En la contemplación de cada misterio del rosario podemos aprender de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y experimentar la profundidad de todo el mensaje evangélico. El rosario se nutre directamente de las fuentes del Evangelio, por lo tanto nos facilita la asimilación de los valores evangélicos.

            Con razón, el Papa San Pablo VI, dijo del Rosario que es un compendio del Evangelio; pero  sin  contemplación, es un cuerpo sin alma y su rezo corre peligro en convertirse en una repetición mecánica.  El Rosario exige un rezo  pausado, reflexivo, atento que facilite la meditación de los misterios del Senor, vistos a través del corazón de Maria.

            Hermanas, que Nuestra Madre, la Virgen del Rosario, nos ayude a fortalecer nuestra unión y comunión con Cristo.

¡FELIZ DÍA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO!

                                                                                   Un fraternal abrazo y mi oración,

 

                                                                                   Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                                                                  Priora General

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Carta de la Priora General – Santo Domingo de Guzmán 2021

Por | 2021, Carta de la Priora General, Sin categoría

Queridas hermanas,

Un año más el Señor nos regala la posibilidad de celebrar la fiesta de Nuestro Padre santo Domingo. Este año en el contexto del octavo centenario de su “dies natalis” cuyo tema de celebración es “En la mesa con Santo Domingo de Guzmán”. Dicho lema deriva de la pintura denominada “Mascarella” la cual es la pintura más antigua sobre Santo Domingo y que refleja uno de los pilares fundamentales de la Familia dominicana La Vida Común; una mesa en torno a la cual se sientan sus hijos/as como familia, en comunión y comunidad.

            Y es que la vida comunitaria para Santo Domingo constituye un valor y un pilar fundamental. Teniendo que escoger una Regla para la Orden, escogió la de San Agustín que comienza recordando a los religiosos que “ellos habitan en una misma casa para formar una sola familia y tener un solo corazón y una sola alma en Dios”.  La vida comunitaria es el suelo fértil donde cobra fuerza la misión, la predicación, por eso a sus novicios les pedía dos cosas antes de aceptarlos en la Orden: obediencia y compromiso de vida comunitaria. 

            Queriendo imitar en toda la vida de los Apóstoles, Domingo tenía como modelo para la comunidad de sus hermanos la primitiva comunidad apostólica. En esta comunidad los primeros cristianos “acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo”. 

            Domingo vivía integralmente la vida comunitaria. Participaba siempre en los actos de la vida común y se sometía en todo a la comunidad.  “Observaba en todo y por todo la Regla -dicen los testigos en el proceso de canonización- y no se dispensaba con facilidad.  Seguía totalmente a la comunidad en el coro, en el comedor y en los demás lugares.  ” En cuanto a las comidas y a los horarios, se adaptaba en todo a la comunidad, y aunque pasase con mucha frecuencia las noches orando en la iglesia, participaba siempre con sus hermanos en el rezo matutino”. Pero la vida comunitaria no se realiza sólo con la presencia en los actos comunes, podemos estar presentes físicamente pero muy lejos afectivamente; de todas es sabido los gestos y detalles de cercanía y ternura de nuestro padre para con las monjas y hermanos. Santo Domingo nos enseña que la vida en común exige caridad con las debilidades de cada hermana, inclusión y participación activa de cada una en la marcha de la comunidad, alegrarse con la que está alegre y compadecer a la que está triste, escuchar y aceptar a todas.

            Significa también poner todo en común; no sólo lo material, el fruto del propio trabajo, sino también los valores, dones y cualidades de los que goza cada hermana; compartiendo  las propias ideas, ayudándose mutuamente y anteponiendo el bien común al bien personal.

            Creo que si Domingo fue un ejemplo de vida comunitaria fue debido a su humanidad, porque era plenamente humano.

La humanidad de Domingo está hecha de contrastes: vigor y ternura, decisión y apertura, firmeza y compasión.

Domingo tuvo que superar muchos obstáculos, muchas adversidades en su vida, sin embargo, nada de dureza, rigidez e intolerancia se descubre en su carácter. Según la memoria de quienes convivieron con él, Domingo destacaba sobre todo por su ternura, sensibilidad y compasión, virtudes que humanizan.

Vivió y experimentó plenamente lo que afirma Papa Francisco “sólo la ternura puede cambiar las personas”.

A Domingo se le rompía el corazón y se le conmovían las entrañas ante el sufrimiento y la necesidad ajena. Salía de sí mismo para ponerse en el lugar del otro, sintonizaba fácilmente con el dolor y alegría de los demás. Tenía un trato cálido y humano con todos, rasgos de su auténtica humanidad; no sólo se compadecía internamente, también reaccionaba ante las injusticias y necesidades de los demás. Conocemos muy bien los múltiples episodios de su vida en que intentó remediar el mal ajeno a cambio incluso de entregar su propia vida.

El Maestro de la Orden, Fr. Gerard, nos interrogaba en una de sus cartas a causa del jubileo: ¿Qué significa para nosotros estar a la mesa con santo Domingo aquí y ahora?

 Hemos de hacernos esta pregunta en este tiempo en el que aún el miedo al contagio del Covid 19 nos amenaza e interpela y puede servir como excusa para “mantener las distancias”.

 Pienso que sentarse hoy a la mesa de Domingo implica ante todo estar atentas a las necesidades de la hermana, a la más débil, a la más necesitada y a la que aparentemente es autosuficiente; escuchar pacientemente a cada una, sus miedos, sus preocupaciones, sus ansias y promover que cada hermana pueda expresar libremente sus preocupaciones y ser consolada con respeto y amabilidad. No todas tenemos la misma sensibilidad y vivimos los “temores” de igual manera, “las más fuertes han de sobrellevar las flaquezas de las más débiles”. 

Sentarse hoy a la mesa de Domingo nos compromete a atrevernos a hablar mutuamente y con veracidad de lo que nos preocupa en nuestra comunidad, de lo que nos molesta y de lo que nos agrada y también de lo que preocupa  a nuestros hermanos los hombres; para ello hemos de apoyarnos, sostenernos mutuamente y discernir seriamente qué es lo que hoy urge en nuestra sociedad.

Una comunidad no avanza ni humana ni espiritualmente si no se alimenta, se expresa y se sacramentaliza con gestos, actitudes y palabras. Sólo si expresamos nuestra humanidad y ternura como lo hizo nuestro padre podremos testimoniar la grandeza del  amor y comunión y reaccionar ante los gritos de injusticia y necesidades de la humanidad. Domingo observa la realidad de su entorno y se implica y compromete para hacer un mundo un poco mejor.

Aprendamos de Domingo a prestar atención a las hermanas con las que convivimos, a asumir y acoger sus debilidades y vulnerabilidades, como él asumió la de los frailes con los que convivió, pero evitando cerrarnos en nosotras mismas y abriendo, como él hizo, nuestros ojos, oídos y brazos al llanto del necesitado.

Creo que Domingo se sentiría feliz hoy, viviendo en comunidades donde hay inquietud por quererse y apoyarse, y por discernir los signos de los tiempos para hacer que esta humanidad sea un poco menos doliente.

FELIZ FIESTA DE STO. DOMINGO. Que este año jubilar nos sirva para renovarnos seguiendo las enseñanzas de nuestro Padre.

 

Un fraternal abrazo y mi oración,

 

                                                 Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

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Carta de la Priora General – Santa Catalina de Siena 2021

Por | 2021, Carta de la Priora General

Queridas Hermanas,

El día 29 celebramos la fiesta de nuestra hermana Santa Catalina de Siena y quisiera compartir con todas vosotras estas reflexiones.

Hablar de Catalina de Siena, es hablar de una de las figuras más admirables y entrañables de la Iglesia Católica. A lo largo de su vida, esta mujer sencilla sirvió incansablemente de manera humilde y sacrificada, servicial y generosa, con una entrega sin limites y valiente, al mandato de su Señor, al servicio de la Iglesia y del Romano Pontífice.

En Catalina el hablar de la Iglesia no es una manera de hablar cualquiera: es hablar de la Iglesia con pasión; la Iglesia a la que amó, por la que vivió y murió: “Si muero, sabed que muero con pasión por ella, Iglesia que es el Cuerpo místico de Cristo.”

Hablar de la Iglesia en clave cateriniana, es hablar de una Iglesia que no se desentiende de los conflictos temporales, porque le preocupa la persona y su plena realización, pero está muy lejos de alianzas interesadas y de privilegios temporales. San Juan Pablo II, al declararla Patrona de Europa dijo “la joven sienesa entró con paso seguro y palabras ardientes en el corazón de los problemas eclesiales y sociales de su época”.

Nunca dudó en ofrecer todos los momentos de su vida por la unidad y fidelidad a la iglesia hasta la hora de su muerte. Así nos lo indica su oración en el lecho de la muerte: “Dios eterno, recibe el sacrificio de mi vida a favor del Cuerpo místico de la santa Iglesia. No tengo otra cosa que darte si no es lo que tú me has dado a mí. Toma mi corazón y estrújalo sobre la faz de esta esposa”.

Pero si observamos con detenimiento su vida, nos damos cuenta que exprimió su vida anunciando con orgullo la llamada universal a la santidad, la obediencia al Magisterio de la Iglesia, el cariño filial al Santo Padre y la certeza de que, sin Jesucristo, cualquier proyecto humano es imposible.

Cuentan que una mañana, al despertarse de una experiencia mística, Catalina confió a su confesor haber escuchado al Señor pronunciando estas palabras: “la celda ya no será tu habitación habitual, al contrario, para la salud de las almas, te tocará salir de tu misma ciudad…; llevarás el honor de mi nombre y mi doctrina a grandes y pequeños, clérigos o religiosos. Pondré en tu boca una sabiduría de la que nadie podrá resistirse. Te llevaré delante de Pontífices, los jefes de las iglesias y el pueblo cristiano, para que, a través de los débiles, yo humille la soberbia de los fuertes”.

El Padre Timothy Radcliffe, con motivo de la proclamación de Catalina como doctora de la Iglesia, dirigió a toda la Orden una carta en la que pone de relieve la actualidad de su mensaje porque “la Europa de Catalina, como nuestro mundo hoy, estuvo marcada por la violencia y por un futuro incierto…Había un declive de vitalidad en la Iglesia y una pérdida de identidad, así como una crisis en la vida religiosa. Ella  no se resignó ante este sufrimiento y división, sino que se lanzó a la nada fácil tarea de la reforma y pacificación de la Iglesia y la sociedad, y lo hizo porque la devoraba la urgencia de llevar a todos el amor y la misericordia de Dios”.

Catalina nunca sacrificó la verdad o la justicia por una paz fácil o a bajo precio. Ella supo ponerse a la altura de las circunstancias, como laica y como mujer, desempeñando un papel significativo en la Iglesia y en la sociedad. Llegó a ser en el seno de la Orden de Santo Domingo, la encarnación femenina de su proyecto evangélico, convirtiéndose para todas nosotras en un referente indiscutible a lo largo del tiempo.

Hermanas, ¿tenemos el coraje de asumir, como Catalina, la misión de ser pacificadoras en la comunidad, la Iglesia y la sociedad?

Santa Catalina, en tu fiesta te pedimos que nos enseñes a ser como tú, mediadoras de unidad, instrumentos de paz, defensoras de la justicia, amantes del diálogo con Dios y con los hermanos.

¡FELIZ DÍA DE SANTA CATALINA!

Un abrazo fraternal y mi oración,

 

 

                                                 Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

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