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Carta de la Priora General

Carta de la Priora General – Santa Catalina 2024

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Santa Catalina 2024

Muy queridas hermanas,

            Caminando hacia el Jubileo 2025 estamos llamadas a prepararnos para vivirlo en todo su significado y acogerlo como un don especial de gracia.  Quisiera animaros a cada una a hacer resonar en nuestra mente y corazón la llamada del Santo Padre al respecto: “Debemos mantener encendida la llama de la esperanza que nos ha sido dada, y hacer todo lo posible para que cada uno recupere la fuerza y la certeza de mirar al futuro con mente abierta, corazón confiado y amplitud de miras. El próximo Jubileo puede ayudar mucho a restablecer un clima de esperanza y confianza, como signo de un nuevo renacimiento que todos percibimos como urgente.” (Carta del Santo Padre Francisco a S.E. Mons. Rino Fisichella para el Jubileo 2025)  

            Celebrar un jubileo implica renovación, renacer, comenzar de nuevo, en definitiva hacer realidad un cambio que marca una epoca.  Esto me lleva a recordar el ejemplo y todo el esfuerzo de nuestra hermana, Santa Catalina de Siena, cuya fiesta vamos a celebrar, porque ella vivió en una época convulsa, marcada por el sufrimiento causado por la Peste Negra y sus consecuencias y sobre todo por la corrupción del clero.  Ella amó con valentía, de modo intenso y sincero a la Iglesia, al Cuerpo místico de Cristo.  La idea de reforma, de renovación, es fundamental en su visión de la Iglesia. El Papa Benedicto XVI contó que cuando se difundió la fama de su santidad, fue protagonista de una intensa actividad de consejo espiritual respecto a todo tipo de personas: nobles y hombres políticos, artistas y gente del pueblo, personas consagradas, eclesiásticos, incluido el Papa Gregorio XI que en aquel período residía en Aviñón y a quien Catalina exhortó enérgica y eficazmente a regresar a Roma. Viajó mucho para solicitar la reforma interior de la Iglesia y para favorecer la paz entre los Estados… (Audiencia General, 24 nov. 2010).  Santa Catalina ofreció su vida por la Iglesia, “… si yo muero, muero de pasión por la Iglesia”; fue profundamente convencida que la Iglesia de Cristo debe renovarse, es decir,  limpiarse y trabajar por la erradicación de los males más terribles de cada época, no en su estructura divina sino en sus miembros, revistiéndose del nuevo hombre del que habla San Pablo en su carta a los Efesios (cap 4).   

            En este año, dedicado a la oración para este gran acontecimiento, acudamos a esta ilustre santa que con la sabiduría que brota de su santidad, se propuso orar con todas sus fuerzas por la Iglesia. “Purificada esta alma en el fuego de la divina caridad, que encontró en el conocimiento de sí misma y de Dios, y animada por la esperanza de la salvación del mundo y de la reforma de la santa Iglesia, se dirigió al Eterno Padre, mostrándole la lepra de la santa Iglesia y la miseria del mundo casi con las mismas palabras de Moisés, diciendo: Vuelve, Señor, los ojos de tu misericordia sobre el pueblo y sobre el Cuerpo místico de la santa Iglesia. Más glorificado serás perdonando a tantas criaturas y dándoles luz de conocimiento, que si me perdonas a mí sola, criatura que tanto te ha ofendido y que es la causa de tantos males. Por esto te pido, divina y eterna Caridad que tengas misericordia de tu pueblo.” (Dialogo 13)

            Hermanas, tomemos parte en esta “sinfonía” de oración que el Santo Padre desea. Como nuestra hermana, Santa Catalina, nos comprometamos con más intensidad a la tarea de orar, construyamos esta “celda interior” donde nuestra hermana supo vivir en la intimidad con Dios, conociéndose más a si misma y teniendo siempre presente las necesidades de la sociedad de aquel tiempo.  El Señor anima una y otra vez a Santa Catalina de no dejar nunca la oración: “… quiero que hagas tú: que nunca aflojes el paso en el deseo de pedir mi ayuda, ni bajes la voz para llamarme, pues yo hago misericordia al mundo. No dejes de dar golpes a la puerta de mi Verdad siguiendo sus huellas. Alégrate con El, comiendo el pan de las almas para gloria y alabanza de mi nombre. Gime con ansiedad sobre el cuerpo muerto del hijo del género humano, al que he visto llegado a tanta miseria, que tu lengua sería incapaz de narrar. Por este gemido y grito haré misericordia al mundo. Esto es lo que pido a mis siervos y esto será para mí signo de que me aman de veras. Y no menospreciaré sus deseos, como te he dicho.” (Diálogo, 107) Con la convicción de que Dios nos espera y nos escucha, reavivamos el deseo de estar en su presencia, de escucharlo, de adorarlo, de suplicar por su misericordia y ayuda.  Hagamos cada momento de nuestra entrega como un gesto de oración; convirtamos nuestras dificultades, nuestros sufrimientos, nuestras limitaciones como ofrenda de oración que obtenga beneficio para la Iglesia y para el bien de nuestros hermanos. 

            Os deseo Feliz Fiesta.  Que el celo de Sta. Catalina para la reforma de la Iglesia y la salvación del mundo nos contagie.

 

 

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

 

 

 

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Carta de la Priora General – Cuaresma 2024

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A través del desierto. Dios nos guía a la libertad

Muy queridas hermanas:

Comenzamos el tiempo de Cuaresma siguiendo el mensaje que el Santo Padre Francisco nos transmite este año, con el tema: “A través del desierto Dios nos conduce a la libertad”.  El Santo Padre nos recuerda una vez más de nuestra llamada a la libertad y como el pueblo de Israel, de vivir el éxodo de la esclavitud a la libertad atravesando el desierto.  Esta llamada “no se agota en un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y contra Moisés―, también hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que debe decidirse a abandonar.”

Este tiempo litúrgico es un tiempo providencial para hacer un alto en el camino; pero no solo en soledad sino también como un “pueblo”, como congregación caminando juntas, para examinarnos: ¿estamos dispuestas a atravesar el desierto?, ¿a qué altura hemos llegado?, ¿qué equipaje nos pesa?, ¿hay algo dentro de nosotras que nos ata y nos impide avanzar?

Creo que en cada una de nosotras arde todavía en nuestro corazón el deseo de poder ver con claridad el camino que el Señor nos indica hacia la meta.  Pero sin darnos cuenta vagamos sin rumbo porque los “atractivos de Egipto” nos distraen.  A veces añoramos el pasado para no afrontar las complicaciones del presente; en algunas ocasiones nos agarramos con rigidez a nuestras normas para no interrumpir la tranquilidad de nuestra rutina; o nos entretenemos demasiado con las novedades que la tecnología ofrece y el bienestar “sin esfuerzo” que las redes sociales promueven que nos hemos quedado en lo superficial, lo cómodo, lo que conviene según la mentalidad actual de nuestra sociedad.  Sin embargo, a pesar de que nuestra debilidad nos vence fácilmente, estoy convencida que todas deseamos acercarnos cada vez más a Dios.

Hermanas, el Señor ve nuestras luchas, y con paciencia de un padre nos espera y tiende su mano para encaminarnos juntas a la tierra prometida. No se cansa de nosotras, no se detiene en llamarnos de nuevo a que abandonemos nuestras esclavitudes.  Tengamos la valentía de atravesar el camino que nos indica durante este tiempo: pasar por el desierto.  Como dice el Santo Padre:  “La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.”

Quizás para muchas el desierto es insoportable porque asemeja situación de aridez, de vaciedad, de silencio o ausencia de Dios.  Recordamos que nuestro Señor Jesucristo también pasó por el desierto y allí venció las tentaciones del diablo; eso fue la prueba de su libertad.  Para nosotras, es una oportunidad para mirarnos con sinceridad, redescubrir la presencia entrañable del Señor en nuestro interior, la fuente de nuestra fuerza y escuchar su palabra de amor, así con la ayuda de su gracia y confiando en su Palabra: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2), podremos afrontar las tentaciones y liberarnos de las ataduras que nos impiden avanzar.

Que las prácticas tradicionales de oración, ayuno y limosna de este tiempo broten de una experiencia profunda de la Palabra de Dios,  porque encontrar al Señor dentro de nosotras implica descubrirlo en el rostro de nuestros hermanos y hermanas, especialmente de los que sufren. “El amor a Dios y al prójimo es un único amor.”

Como Congregación, vivamos la penitencia cristiana con alegría y ánimo,  realicemos gestos capaces de fomentar a que se desenvuelva la solidaridad y fraternidad en nuestro entorno.

Hermanas, vivamos la Cuaresma con mucha esperanza para llegar gozosas a la Pascua de Resurrección. Unidas a Cristo hagamos el camino: su paso de la muerte a la vida es también nuestro. No nos cansemos de anunciar y testimoniar con nuestra vida, el gozo y la alegría de Cristo Resucitado.

 

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

 

 

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Carta de la Priora General – Adviento y Navidad 2023

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Muy queridas hermanas:

            Con el tiempo de Adviento comienza un nuevo año litúrgico. En esta ocasión fuerte de paso de un año litúrgico a otro, la Iglesia nos invita detenernos un momento para revisar nuestra vida, los valores que vivimos y ver lo que Dios quiere y espera de nosotras para vivir su llamada con profundidad dentro de la realidad que nos rodea.

            “Velad”.  La llamada que escuchamos en el primer Domingo de Adviento de este año nos exhorta a la vigilancia, a la espera activa de la llegada del Señor, de luchar contra la negligencia o cualquier obstáculo que nos impide acoger su venida con todo nuestro ser. ¿Cómo podremos llevar a la práctica tal invitación? El papa San Pablo VI, en su Exhortación Apostólica Marialis Cultus nos ofrece la figura de María como modelo a prepararse, “vigilantes en la oración y… jubilosos en la alabanza”, para salir al encuentro del Salvador que viene (cf. nº 4).

            La figura de María tiene una importancia extraordinaria en Adviento y Navidad porque por ella se ha hecho realidad nuestra principal razón para celebrar: lo más esperado de la humanidad, el nacimiento del Mesías, el Verbo que se hace carne en el humilde portal, y así habitar entre nosotros.  Me gustaría subrayar lo que tiene de imitable, las virtudes que la hizo oyente de la palabra, virgen orante y madre fecunda:  su fe, su esperanza y su caridad.

La fe.  María es la mujer creyente; la mujer que confía plenamente en la Palabra de Dios.  Acoge el mensaje del ángel y acepta que Dios entre en su vida.  Aunque la palabra del ángel la conturbó se abre al proyecto y al plan de salvación de Dios.  María es la mujer con la que está Dios y la mujer que está siempre con Dios. Vive con fe firme su paso en Belén, en la huida a Egipto, al pie de la cruz y su papel de Madre de todos… Porque es una mujer creyente, reconoce la obra de Dios en ella y en la historia. El adviento es un tiempo de gracia para purificar y fortalecer nuestra fe cada día, confiando que nuestro Dios es fiel, que no falla nunca ni se echa atrás.  Con renovada fe acojamos al Dios que nos llama, que nos implica a su obra salvadora en nuestro tiempo.  Tengamos fe, así podremos ver la obra de Dios en el hoy de la historia.

La esperanza.  María es la mujer de la esperanza; de la esperanza en las promesas de Dios y en el Dios de las promesas.  Vive una esperanza constante y activa. Colabora en el cumplimiento de las promesas de Dios, aceptando que el Verbo se encarne en sus entrañas durante los nueve meses de embarazo y lo hace con todo su ser, con su cuerpo, con su sangre, con su mente y corazón, con su trabajo y descanso.  El Adviento nos ofrece una oportunidad de avivar nuestra esperanza, confiando que Dios cumple su promesa.  En nuestro mundo, herido por las guerras, una esperanza renovada fortalece el espíritu a seguir buscando el camino del Señor.

El Papa Benedicto XVI, en la carta encíclica Spe Salvi, nos propone “lugares” de aprendizaje y del ejercicio de la esperanza.  El lugar primero y esencial es la oración. En el diálogo íntimo y personal con Dios experimentamos la realidad y la cercanía de un Padre que escucha y nos habla. El contacto frecuente con el Señor, en la oración, reaviva y renueva nuestra esperanza porque nos acercamos con la convicción de que Dios siempre atiende nuestras súplicas y está dispuesto a ayudarnos. “Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar–, Él puede ayudarme.” (nº 32)

La caridad.  María es la mujer del amor; del amor a Dios, dispuesta a cumplir su voluntad, del amor a los que necesitan su ayuda:  asiste a su prima Isabel, ya mayor en edad y embarazada, hace lo posible para poner el vino mejor en la fiesta de los novios en las bodas de Caná, apoya con su presencia maternal a los apóstoles en el Cenáculo, rogando y esperando la venida del Espíritu Santo… y del amor a todos los hombres especialmente a los pobres y a los que más sufren.  Como dice santa Teresa del Niño Jesús: “la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón”, el tiempo de Adviento y Navidad es un tiempo propicio para dejar que salga en gestos concretos lo que guardamos en el fondo de nuestro corazón.  Recordamos lo que el Papa Francisco nos advierte en su mensaje en la Jornada Mundial de los Pobres 2023 que “cuando estamos ante un pobre no podemos volver la mirada hacia otra parte, porque eso nos impedirá encontrarnos con el rostro del Señor Jesús… Cada uno de ellos es nuestro prójimo. No importa el color de la piel, la condición social, la procedencia… Estamos llamados a encontrar a cada pobre y a cada tipo de pobreza, sacudiendo de nosotros la indiferencia y la banalidad con las que escudamos un bienestar ilusorio.” (nº 3)

Que la Virgen María nos ayude para que, al acercarnos a la Navidad, no nos detengamos a lo superficial, sino que esforcemos para que crezca nuestra fe, esperanza y caridad. Así hagamos espacio en nuestros corazones a Aquel que ya ha venido y quiere volver a venir para establecer su Reino en nosotros y llenarnos con su alegría, paz y amor.

            ¡Feliz Adviento y Navidad!

 

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

 

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Carta de la Priora General – Nuestra Señora del Rosario 2023

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Nuestra Señora del Rosario 2023

Queridas  hermanas:

Cuando comienza el mes de octubre me viene al pensamiento la celebración de la fiesta de Ntra. Señora del Rosario, una celebración muy entrañable para nosotras ya que venimos de las raíces de la Provincia de la Orden que lleva su nombre y crecemos como Congregación bajo su protección.

Hoy día vivimos en una sociedad que se enfrenta con distintos desafíos. A veces nuestro estado de ánimo se decae, porque cada día, lo que vemos en los medios de comunicación y en las redes sociales son diversas noticias y sucesos que tienen que ver con problemas graves de la sociedad actual: la guerra, el cambio climático, la pobreza y más..; que aunque intentamos ver los signos de la presencia de Dios, nos encontramos con signos opuestos, negativos, que nos hacen creer que Él está ausente… y se oye la pregunta: “¿tiene sentido creer, tiene sentido orar?”. Esto me mueve a volver la mirada hacia aquel acontecimiento histórico importante que impulsó a que se estableciera esta fiesta con advocación de la Santísima Virgen del Rosario:  La Batalla de Lepanto el 7 de octubre 1571.  

Se cuenta que mientras en el Mediterráneo se libraba la última gran batalla naval de la historia, en Roma miles de fieles recitaban el Rosario acompañando al papa Pío V.  La batalla duró desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, y en la mañana siguiente el Papa anunciaba la feliz noticia a todos los presentes reunidos en la plaza: la Santísima Virgen había concedido la victoria a los cristianos.  En el aniversario de esta victoria Pío V instauró su conmemoración litúrgica denominándola Nuestra Señora de las Victorias; después, su sucesor, Gregorio XIII, cambió el nombre de la festividad al de Nuestra Señora del Rosario.

No es la única “victoria” atribuida a la intervención de la Virgen del Rosario. Otras batallas se conquistaron bajo su imagen o protección.  Además, en las apariciones reconocidas de la Virgen siempre llevaba el Rosario, indicando la importancia de rezarlo, porque en realidad, en todos los tiempos, junto con el mundo de la solidaridad, de la justicia, de la disponibilidad al servicio y del amor, existe también

 

el mundo de la violencia, de la opresión, de la mentira, del propio interés… y la Virgen nos ha dado una herramienta para ayudarnos a dirigirnos a Dios y asegurarnos de su ayuda porque una madre nunca abandona a sus hijos. En tiempos más tumultuosos, la presencia de la Virgen a través del rezo del Rosario ha sido siempre una fuente de fuerza para seguir creyendo, seguir esperando, seguir aspirando y luchando que se cumpla el plan de Dios en todo.

Es bueno señalar que María también vivió en su propia carne el sufrimiento.  Al nacer el Señor, su hijo, en un pesebre, sin cuna ni ropa adecuada, ¿qué hay más cruel para una madre que ver a su propio hijo sufrir la miseria? Más aun, viendo a su hijo en la cruz, sufrió hasta el fondo de su alma. Pero ella no se desanimó, ni se quejó.  Conservaba todo y lo meditaba en su corazón; aceptaba la realidad como llega, lo meditaba desde la perspectiva de Dios para captar su sentido.

María conoce muy bien las dificultades y los sufrimientos que tenemos que sobrellevar en nuestra vida, también los desafíos que el mundo atraviesa. Por eso, podemos agarrarnos a su mano para sostenernos con fuerza y ánimo.  Estoy convencida que el rezo del Rosario tiene un valor innegable porque es contemplar la fe inquebrantable de la Virgen, y cada vez que lo rezamos nos confirma en la fe, en nuestra vocación y en nuestra misión.  Nos hace ver la grandeza del amor de Dios, manifestado en cada misterio que meditamos. María nos ha mostrado que tiene sentido creer y nos asegura que tiene sentido orar.

En la Batalla de Lepanto, miles de cristianos recitaban el Rosario con el Papa.  Creo también que rezarlo en comunidad, en familia, como grupos de creyentes añade fuerza a esta preciosa oración.  Vale la pena difundir su devoción.

Pidamos a la Virgen del Rosario que nos sostenga en nuestra peregrinación en este mundo y que nos ayude a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio.

 

¡Feliz fiesta a todas!

 

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

 

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Carta de la Priora General – Sto Domingo de Guzmán

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Sto. Domingo de Guzmán 2023

Queridas hermanas:

            Al finalizar nuestro encuentro de gobiernos, en vísperas de celebrar la fiesta de nuestro padre Sto. Domingo, deseo animaros a dar gracias a Dios por hacernos partícipes del carisma que él nos ha legado y que siempre es actual donde quiera que desempeñemos nuestra misión.  Nuestro Padre nos dejó un carisma que tiene que seguir dando vida como él la dio en su tiempo.

En el encuentro de gobiernos hemos podido constatar distintas vivencias en el ejercicio de la autoridad y la sinodalidad en nuestro instituto, vivencias que a veces obstaculiza nuestra misión como portadoras de la verdad y compasión que nuestro padre vivió en plenitud y deseó que siguiese como distintivo propio de la Familia dominicana. Por ello nos sentimos llamadas a fortalecer entre nosotras la cultura del cuidado y hacer más real la sinodalidad que ya se refleja en nuestra estructura congregacional.

Veamos más de cerca a nuestro padre y aprendamos su delicadeza en el trato con todos y en el ejercicio de la autoridad.  Su primer biógrafo y sucesor, fray Jordán de Sajonia, nos dice que «con su alegría se atraía fácilmente el afecto de todos y cuantos le miraban quedaban de él prendados; donde quiera que se hallase, en casa o de viaje predicando, siempre tenía palabras de edificación y abundaba en ejemplos con los que inclinaba a los ánimos de los creyentes al amor de Cristo».  Nuestra vida comunitaria será un espacio donde todas crecemos si tenemos siempre en cuenta el impacto que nuestra palabra pueda producir a quien la dirijamos. Una palabra de ánimo, de consuelo, de apoyo, de pedir perdón es suficiente para que la hermana se sienta valorada y amada; y a su vez capaz crear un ambiente donde nos sintamos más fraternalmente unidas unas con otras.

Domingo fue revestido de sensibilidad, ternura y compasión, esto le hacía tener una gran capacidad para salir de sí mismo y colocarse en el puesto y en la situación del prójimo, tanto en el dolor como en la alegría, porque compadecer al prójimo es sintonizar con él, compartir sus sentimientos. Su sensibilidad y su ternura lo mostraba en el trato cálido y humano con todos.  La ternura que sentía hacia todos, hizo de él un experto en la corrección fraterna, “todos los hombres cabían en la inmensa caridad de su corazón, y, amándolos a todos por todos era amado”.  La dignidad de la persona para él era sagrada por eso  siempre corregía con amabilidad cuidando no herir a nadie.

Él también tuvo presentes los valores de la solidaridad, la colegialidad, la búsqueda de la verdad y el bien común. 

Según su biógrafo Pedro Ferrando, la compasión resplandece ya desde su niñez: “Desde su infancia creció con él la compasión, de modo que concentraba en sí mismo las miserias de los demás, hasta el punto que no podía contemplar aflicción alguna sin participar de ella”. Hay un acontecimiento famoso del joven Domingo que viene bien recordar aquí. Una gran hambre sobrevino en la región de Palencia. Domingo se compadeció profundamente de los pobres y les fue entregando todo lo que tenía, incluso lo que más apreciaba, sus libros, que estarían llenos de notas y que supondrían una fortuna, no sólo económica sino intelectual. Con este gesto brillaba la solidaridad de nuestro padre.

También fue atento a los signos de los tiempos,  sensible y abierto a las realidades humanas y a los acontecimientos temporales, porque en ellos también habla Dios.  Él veía cada situación con los ojos de Dios y fue capaz de comprender cada momento e iluminarlo con la luz del Evangelio, abierto al diálogo con los hermanos, lo cual significa escuchar, además de hablar.  Preguntémonos sinceramente, ¿cómo es nuestra manera de escuchar? La verdadera escucha implica no sólo el oido sino todos los sentidos y con empatía, haciendo que el otro se sienta acompañado en su caminar, sin olvidar que lo que se busca es la voluntad de Dios.

Hermanas, nuestro padre Sto. Domingo tiene mucho que enseñarnos, estemos abiertas para fortalecer en nosotras estas caracteristicas tan actuales y necesarias en nuestra vida y sociedad actual.

Ante la Virgen del Camino pido para que ella  nos proteja en nuestro diario caminar.

¡Os deseo una feliz fiesta de nuestro padre Sto. Domingo!

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

 

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Carta de la Priora General – Santa Catalina de Siena 2023

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Santa Catalina de Siena 2023

Muy queridas hermanas: 

En medio del gozo de la Pascua de Resurrección, nos encontramos con la celebración de la fiesta de nuestra gran hermana, Catalina de Siena, un motivo muy apropiado para seguir profundizando en el Misterio de Cristo Salvador y de la Iglesia, dos temas que estuvieron muy presentes en el  corazón y en la vida de la santa.

Este momento en el que todavía resuena en nuestro corazón y mente la celebración de los 90 años de la Erección canónica de nuestra Congregación, Sta. Catalina nos da un ejemplo de entrega al servicio de Dios y de la Iglesia.  

Viviendo en una época extremadamente convulsa, la santa, por amor a Cristo, supo siempre amar a la Iglesia. Aprendió a reconocer en ella el cuerpo del Señor, cuerpo tan a menudo desfigurado y desgarrado. Supo realmente “ensuciarse las manos” reconociendo siempre y en todo caso que Cristo está presente en el Papa como en los pobres, en los que sufren, en los presos, en los sacerdotes, en las familias, en la jerarquía eclesial aunque dominada por la mundanidad y el poder.

Este fue el cuerpo de Cristo que Sta. Catalina tocó con sus manos, el cuerpo de Cristo que siempre ha amado incondicionalmente. Ella estaba convencida que nadie puede volver a gozar de Dios en el abismo de la Trinidad, sin la ayuda de la Iglesia, porque todos tenemos que pasar por la puerta de Cristo crucificado, y esta puerta no se encuentra en otro lugar que en la Santa Iglesia.

Podemos decir que la realidad en que Sta. Catalina vivió se puede comparar con nuestra propia realidad.  No hace falta enumerar situaciones que reflejan “el cuerpo desfigurado y desgarrado del Señor” en el mundo y en la Iglesia misma.  Y este es el reto que nos toca afrontar, y espero que así sea, con renovada entrega como nos comprometimos en la celebración de nuestros 90 años a mantener el brillo de la misión que el Señor nos ha confiado.

El caminar juntas en este tiempo que nos toca vivir nos implica no sólo a nombrar los errores o señalar causantes, sino como Sta. Catalina esparcir a los cuatro vientos, a través de nuestra vida, profundas convicciones de valores constructivos de perdón,  reconciliación y paz.

Catalina, sumida en la amargura por los males que agobian a la Iglesia, se abisma en la contemplación de la Misericordia y de la Providencia y puso toda su confianza en la promesa de la misericordia divina sobre el hombre y la Santa Iglesia. Su fe inquebrantable y experiencia de Dios, la movió a despertar un mundo adormecido y sordo del grito de los hermanos sufrientes.

Catalina no disponía de los medios de comunicación modernos, no obstante, su predicación era más eficaz porque creía que es Dios mismo quien sigue escuchando los clamores de su pueblo y se manifiesta a través de los que llama para comunicar su misericordia siempre activa, la misericordia de la que somos objeto y sujeto a la vez.

Una evangelización como la de Sta. Catalina que grita con su vida, con sus palabras, con su ejemplo ante el mundo que le rodea, firme y fiel a su convicción de que “todo cambio ha de ser gestado en el corazón del hombre… donde se caldean la complementariedad y la fraternidad” puede ofrecer respuesta a lo que el mundo y la Iglesia necesitan en nuestro tiempo.

Hermanas, que el ejemplo y la intercesión de Sta. Catalina nos avive el fervor de nuestra entrega total a Dios y a la Iglesia.

            ¡Feliz Fiesta!

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

 

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Carta de la Priora General – Cuaresma 2023

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Cuaresma 2023

 

Queridas Hermanas:

 

            Comenzamos un nuevo camino de Cuaresma, la del año 2023, que se abre con la imposición de la ceniza. ¿Qué sentido tendría este acto en el contexto que vivimos? Gozamos de muchos progresos: realizar compras online, comunicarnos con personas de los cinco continentes, teletrabajar en casa, etc.; por otro lado, nos sentimos impotentes ante las diferentes guerras: de Myanmar, Ucrania, Syria… y otros conflictos armados en diferentes países que han sido relegado en segundo plano a los medios de comunicación, pero que gracias al reciente viaje del Papa Francisco a la República Democrática del Congo y Sudan del Sur, hemos podido constatar su existencia. 

            Ante esta realidad podemos preguntarnos ¿qué puede significar la ceniza en estos tiempos?  Pués lo mismo que en todas las épocas, nos ayuda a ser conscientes de nuestra fragilidad humana; nos recuerda, que a pesar de las grandezas humanas, somos débiles, y necesitamos hacer un alto en el camino para reflexionar. Nos introduce a adentrarnos en la Cuaresma, un tiempo de gracia que nos invita a mirar más de cerca nuestra relación con Dios, cómo nos hemos dejado transformar por su amor y que muchas veces suscita en nosotras el deseo de cambiar muchas cosas en nuestra vida, no sólo en los detalles externos, pero sobre todo en el sentido profundo, en las raíces, en totalidad.

            La Iglesia nos invita de nuevo a profundizar en las tres prácticas que propone para este tiempo: oración, ayuno y limosna.  La oración nos une a Dios,  nos centra en Él y nos ayuda a establecer un orden de prioridades. Hermanas, creo que en este aspecto tenemos mucho que trabajar.  ¿Realmente Cristo es el tesoro de nuestra vida? Si así es, descubriremos que no necesitamos tantas cosas materiales.  Esto nos llevará al ayuno, a prescindir de cosas innecesarias y compartir con los demás; y más aun a desterrar nuestras actitudes que impiden una verdadera fraternidad en la vida comunitaria.  La limosna que agrada a los ojos de Dios es la que brota de un corazón agradecido, dándose y compartiendo con los demás. Se concretiza en hacernos partícipes de los sufrimientos de nuestros hermanos y hermanas más necesitados, mostrando gestos de solidaridad especialmente a aquellos que no puden devolvernos nada a cambio. 

            El Santo Padre, reflexionando del evangelio sobre la Transfiguración de Jesús en su mensaje para este tiempo, nos recuerda que subiendo al Monte Tabor, “Jesús llevó consigo a tres discípulos, elegidos para ser testigos de un acontecimiento único.” Nos hace comprender que el camino cuaresmal “es “sinodal”, porque no lo hacemos solos sino juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro.”  Este camino tiene como meta “una transfiguración personal y eclesial”. 

            En el mismo mensaje el Santo Padre nos propone dos caminos para llegar a la meta: primero, escuchar a Jesús a través de la Palabra de Dios que diariamente nos ofrece la liturgia. Esta escucha pasa también “por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia”. La segunda: “no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones.” La Cuaresma no es un fin en si misma, está orientada hacia la Resurrección y esto nos debe animar a seguir caminando y construyendo la sinodalidad en nuestras comunidades sin miedo.

            Hermanas, que este tiempo nos dejemos transfigurar por nuestra comunión con Jesús para transformar nuestra manera de ver la vida, liberarnos de nuestras esclavitudes y sanar nuestras heridas. “Transfiguradas” creceremos en nuestra responsabilidad evangélica y proclamaremos con gozo y convencimiento la Resurreción del Señor y el amor de Dios que hemos experimentado a nuestros hermanos y hermanas. 

            Que María, nuestra Madre nos lleve de su mano en este camino.

            ¡Feliz Pascua de Resurrección!

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

 

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Carta de la Priora General – Adviento 2022

Por | 2022, Carta de la Priora General

Adviento 2022

Queridas hermanas:

De nuevo nos encontramos una vez más a las puertas del Adviento, tiempo fuerte de oracion y caridad, pero tambien de alegre esperanza, tiempo en el que nos preparamos para la venida del Señor, en una actitud gozosa, de vigilancia y acogida.  Una ocasion extraordinaria para revisar nuestra vida.  Es una oportunidad que Dios nos da para vivirlo intensamente.

En este tiempo, el Señor vino,  viene y vendrá, ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Jesús ya ha venido, y su venida transformó la historia del hombre. Su presencia – Dios hecho hombre – nos anuncia que el amor de Dios se hace realidad plena para todo el que lo quiere vivir. Sólo necesitamos cambiar el corazón, estar dispuestas a amar, a dejarnos guiar por la bondad de Dios, tratando de construir un mundo más justo, más pacífico, donde se viva la  fraternidad y la solidaridad con los más débiles y necesitados, tanto fuera como  dentro de nuestras mismas comunidades, con las mayores, las enfermas, más aún, con las que necesitan nuestra escucha, nuestro tiempo, entusiasmo,  comprensión y misericordia…

Una de las grandes figuras del Adviento es Juan Bautista,  durante estos días los evangelios nos hablarán de este precursor. Él nos invita a un Adviento activo y exigente. Celebrar la venida de Dios, en la próxima Navidad, no es sólo cosa de sentimiento y de poesía. La gracia del Adviento y de la Navidad pide disponibilidad plena, apertura a la vida que Dios nos quiere comunicar. Supone, preparar caminos, allanar, rellenar, enderezar, compartir con los demás lo que tenemos, hacer penitencia, o sea, cambiar de mentalidad.

Os invito a reflexionar en estas dos palabras que tanto se repiten en este tiempo: vigilancia y conversión.

Vigilar implica estar despiertas a la presencia del Señor en todo momento, para que podamos reconocerlo cuando venga a nuestro encuentro.  Viene como mensajero de la paz para mostrarnos los caminos de Dios. Vigilar es también tener el corazón libre, orientándolo hacia el servicio, concretamente estar atentas al prójimo, dejándonos enterpelar por sus necesidades sin esperar a que nos pida ayuda.

¿Qué me dice la palabra “conversión”? ¿Sobre qué punto de mi vida el Señor me pide que debería cambiar? ¿Qué actitudes de Jesús todavía me faltan o debo desarrollar más? ¿Soy coherente en mi esfuerzo para “amar mejor”, “rezar mejor”, “servir mejor” y “comprometerme más”?

Convertirse, es reconocer con honestidad en el  corazon nuestras debilidades, nuestro pecado; es cambiar nuestra vida y dar un paso adelante cada dia; es abrir  el camino del Senor que viene a librarnos del egoismo, del pecado, de la tibieza y de la corrupcion. Es cuando experimentamos en nuestro corazon la cercania del reino de Dios y su salvacion.  Solamente el amor de Dios nos puede sanar y llenarnos de vida.

Isaías, otro de los personajes del Adviento, nos anuncia que “nada hay que temer cuando estamos con el Señor”; y estas palabras del profeta, en un mundo  como el nuestro en que distintos tipos de sufrimiento y pobreza  son una realidad, nos abren a la esperanza ya que nos recuerdan que Dios es nuestro auxilio.

Todas somos muy conscientes de que hay muchos lugares donde ahora mismo se está viviendo una situación difícil de injusticias, guerras, catástrofes naturales, hambre, miseria… situaciones de desierto, pero todo esto podríamos mejórarlo si todos aprendiéramos a reconocer a Dios en medio de nosotros y nos comportáramos como hermanos, o al menos como humanos. Jesús de Nazaret viene al mundo para ayudarnos a encontrar a Dios en medio de nuestra historia.

También este tiempo destaca la figura de la Virgen  María. Exalta la actitud de fe y de humildad con que María se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvador de Dios. María es el modelo de espera gozosa del Señor que viene.

Que con María, abramos nuestro corazón y hagamos espacio a Aquel que ya ha venido y quiere volver a venir para darnos su alegría.  Que lo recibamos con la misma disposición interior y el mismo amor que tuvo María en el primer Adviento de la historia.

Os deseo de corazón que tengamos un feliz y santo Adviento y acojamos con humildad y alegría la venida del Señor.

Un fraternal abrazo

 

Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

 

 

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