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Misioneras

Carta de la Priora General – Santa Catalina de Siena 2021

By 2021, Carta de la Priora General

Queridas Hermanas,

El día 29 celebramos la fiesta de nuestra hermana Santa Catalina de Siena y quisiera compartir con todas vosotras estas reflexiones.

Hablar de Catalina de Siena, es hablar de una de las figuras más admirables y entrañables de la Iglesia Católica. A lo largo de su vida, esta mujer sencilla sirvió incansablemente de manera humilde y sacrificada, servicial y generosa, con una entrega sin limites y valiente, al mandato de su Señor, al servicio de la Iglesia y del Romano Pontífice.

En Catalina el hablar de la Iglesia no es una manera de hablar cualquiera: es hablar de la Iglesia con pasión; la Iglesia a la que amó, por la que vivió y murió: “Si muero, sabed que muero con pasión por ella, Iglesia que es el Cuerpo místico de Cristo.”

Hablar de la Iglesia en clave cateriniana, es hablar de una Iglesia que no se desentiende de los conflictos temporales, porque le preocupa la persona y su plena realización, pero está muy lejos de alianzas interesadas y de privilegios temporales. San Juan Pablo II, al declararla Patrona de Europa dijo “la joven sienesa entró con paso seguro y palabras ardientes en el corazón de los problemas eclesiales y sociales de su época”.

Nunca dudó en ofrecer todos los momentos de su vida por la unidad y fidelidad a la iglesia hasta la hora de su muerte. Así nos lo indica su oración en el lecho de la muerte: “Dios eterno, recibe el sacrificio de mi vida a favor del Cuerpo místico de la santa Iglesia. No tengo otra cosa que darte si no es lo que tú me has dado a mí. Toma mi corazón y estrújalo sobre la faz de esta esposa”.

Pero si observamos con detenimiento su vida, nos damos cuenta que exprimió su vida anunciando con orgullo la llamada universal a la santidad, la obediencia al Magisterio de la Iglesia, el cariño filial al Santo Padre y la certeza de que, sin Jesucristo, cualquier proyecto humano es imposible.

Cuentan que una mañana, al despertarse de una experiencia mística, Catalina confió a su confesor haber escuchado al Señor pronunciando estas palabras: “la celda ya no será tu habitación habitual, al contrario, para la salud de las almas, te tocará salir de tu misma ciudad…; llevarás el honor de mi nombre y mi doctrina a grandes y pequeños, clérigos o religiosos. Pondré en tu boca una sabiduría de la que nadie podrá resistirse. Te llevaré delante de Pontífices, los jefes de las iglesias y el pueblo cristiano, para que, a través de los débiles, yo humille la soberbia de los fuertes”.

El Padre Timothy Radcliffe, con motivo de la proclamación de Catalina como doctora de la Iglesia, dirigió a toda la Orden una carta en la que pone de relieve la actualidad de su mensaje porque “la Europa de Catalina, como nuestro mundo hoy, estuvo marcada por la violencia y por un futuro incierto…Había un declive de vitalidad en la Iglesia y una pérdida de identidad, así como una crisis en la vida religiosa. Ella  no se resignó ante este sufrimiento y división, sino que se lanzó a la nada fácil tarea de la reforma y pacificación de la Iglesia y la sociedad, y lo hizo porque la devoraba la urgencia de llevar a todos el amor y la misericordia de Dios”.

Catalina nunca sacrificó la verdad o la justicia por una paz fácil o a bajo precio. Ella supo ponerse a la altura de las circunstancias, como laica y como mujer, desempeñando un papel significativo en la Iglesia y en la sociedad. Llegó a ser en el seno de la Orden de Santo Domingo, la encarnación femenina de su proyecto evangélico, convirtiéndose para todas nosotras en un referente indiscutible a lo largo del tiempo.

Hermanas, ¿tenemos el coraje de asumir, como Catalina, la misión de ser pacificadoras en la comunidad, la Iglesia y la sociedad?

Santa Catalina, en tu fiesta te pedimos que nos enseñes a ser como tú, mediadoras de unidad, instrumentos de paz, defensoras de la justicia, amantes del diálogo con Dios y con los hermanos.

¡FELIZ DÍA DE SANTA CATALINA!

Un abrazo fraternal y mi oración,

 

 

                                                 Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

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Letter from General Prioress – Lent 2021

By 2021, Letter from General Prioress

Dear Sisters,

          

            Once again, we approach the season of Lent, and the Lord places before us the opportunity of taking time more dedicated to prayer. Lent is a perfect moment to return to the simple, to the little, to the hidden. And from there discover our iniquities and cleanse our heart. When we look at the world today, in the midst of this scenario of death and disease, of hopelessness and fear, we are called to be the light of hope, the messengers of God’s love and forgiveness. And that light only shines when we nourish it with prayer and silent, expectant contemplation.

            During this Lenten season let us renew our determination to allow ourselves to be transformed by the abundance of the mercy of our God.  The Holy Father in his Lenten message proposes fasting, prayer and almsgiving, which are the conditions and expression of our conversion.    

            PRAYER, which keeps us aware of the Mystery of love that inhabits us. It is a heart-to-heart dialogue, a friend-to-friend conversation. The more we allow ourselves to be fascinated by his Word, the more we will be able to experience his gratuitous mercy towards us. Prayer enables us to embody a sincere faith, a living hope and an effective charity.

            Faith calls us to accept the Truth manifested in Christ and testify to it before God and before our brothers and sisters.

            Pope Francis tells us that through recollection and silent prayer, we are given hope as inspiration and interior light, illuminating the choices and challenges we face in our mission. In giving hope to others, it is sometimes enough simply to be kind, putting aside our worries in order to pay attention to the other, either through a smile, a word of encouragement, or simply by listening.

            Fasting which is lived as an experience of deprivation, to open our hearts and mercy to those who are in need. Fasting frees us from everything that binds us and moves us to share with the poor and needy, knowing that whatever we do for them, we do it for God himself. Let us ask ourselves how the needs of the poor affect us and how do we act accordingly.  The little we have, if shared to others with love, transforms our lives and generates happiness.  Sharing, the Pope tells us, makes us more human, while accumulating carries the risk of making us less human, bound by our own selfishness.

            Charity is a gift that gives meaning to our life. Living Lent in charity means caring for those who suffer, victims of the scourges of our time, feeling abandoned, full of anxiety of the uncertainty of the future due to the COVID 19 pandemic.

            Sisters, in this season of Lent, let us examine our life in the light of the Word of God, so that we would be able to change our hearts and learn to live in a more human way.  God is beside us and He wants to heal our life. That is why conversion is not something sad, but the discovery of true joy.

            Let us ask Mary, our Mother, to keep us determined and vigilant this Lent. Let us ask her to teach us shed our selfishness day by day, to learn to live with joy our freedom as children of God.

 

                                                                       My prayer and fraternal embrace,

 

 

                                            Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                   General Prioress

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Carta de la Priora General – Cuaresma 2021

By 2021, Carta de la Priora General

Muy queridas Hermanas,

           

            Un año más nos adentramos en el tiempo de Cuaresma y el Señor pone ante nosotras la opción de tomarnos un tiempo más dedicado a la oración. La Cuaresma es un tiempo perfecto para volver a lo sencillo, a lo pequeño, a lo escondido.  Y, desde allí lo que nos tienta, limpiar el corazón.  ¡Qué tiempos estos que nos han tocado vivir! En este escenario de muerte y enfermedad, de desesperanza y miedo, nosotras estamos llamadas a ser la luz de la esperanza, las mensajeras del amor y el perdón de Dios. Y esa luz solo brilla cuando la alimentamos con la oración y la contemplación callada, expectante.

            En este tiempo de Cuaresma que comenzamos, renovemos nuestra decisión de dejarnos transformar por la abundancia de la misericordia de nuestro Dios.

            El Santo Padre en su mensaje de cuaresma nos propone el ayuno, la oración y la limosna, que son las condiciones y la expresión de nuestra conversión.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

            La ORACION, que nos mantiene despiertas al Misterio de amor que nos habita. Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotras. La oración nos permite encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

            La fe nos llama a acoger la Verdad que se manifestó en Cristo y a ser sus testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

            El Papa Francisco nos dice que, en el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza, como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y decisiones de nuestra misión. A veces para dar esperanza, es suficiente con ser una persona amable, que deja a un lado sus preocupaciones para prestar atención al otro, bien sea con una sonrisa, con una palabra de estímulo, o simplemente con un tiempo de escucha.

            El ayuno. El ayuno vivido como experiencia de privación, para abrir nuestro corazón y misericordia hacia aquel que está en necesidad. El ayuno nos libera de todo lo que nos ata y compartámoslo con los pobres y necesitados, sabiendo que, todo lo que hagamos por ellos, lo estamos haciendo por el mismo Dios. Preguntémonos cómo impactan en nosotros las necesidades de los más pobres y cómo actuamos en consecuencia. Lo poco que tengamos, si lo compartimos con amor, transforma nuestra vida y crea felicidad.  Compartir nos dice el Papa, nos hace más humanos, mientras que acumular conlleva el riesgo de embrutecernos ya que nos cerramos a nuestro propio egoísmo.

            La caridad es un don que da sentido a nuestra vida. Vivir una cuaresma en caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, víctimas de los flagelos de nuestro tiempo, abandono, angustia, con un futuro incierto a causa de la pandemia de COVD 19.

            Hermanas, en este tiempo de cuaresma revisemos nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios, para cambiar nuestro corazón y aprender a vivir de una manera más humana, porque Dios está cerca y quiere sanar nuestra vida. Por eso la conversión no es algo triste, sino el descubrimiento de la verdadera alegría.

            Pidámosle a Maria, nuestra Madre, que sea Ella quien nos mantenga decididas y despiertas en esta Cuaresma y que nos ensene a dejarnos despojar cada día para aprender a vivir con alegría la libertad de hijas de Dios.

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

 

 

                                                 Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

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Noticias de la Curia – enero 2021

By Boletines, Boletines 2021, Bulletins, Bulletins 2021

Solidaridad es el gesto más destacado en muchas de nuestras comunidades durante el tiempo de Navidad. Es la mejor manera de compartir las bendiciones y el gozo que nos ha traído el nacimiento de Dios, que se hizo carne para estar con nosotros. Además, la realidad mundial que estamos viviendo nos ha impulsado a abrirnos más a las necesidades que vemos en nuestro alrededor.

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Letter from General Priorest – Advent 2020

By 2020, Letter from General Prioress

Dear Sisters:

We begin a new Liturgical Year, and with it, a new Advent: a time of grace and hope, a time to be vigilant, to discover the presence of God and his salvific force.

For believers, Advent has always been and is now, as well, a precious gift to prepare for the celebration of Christmas. Since ancient times, the Church has felt the need to direct its gaze towards the glorious Lord, God’s presence in the world and also the One who will one day come to meet us at the end of time.

Come, Lord Jesus! It is the cry par excellence of the Church in Advent. But in reality, it is the cry of humanity and of each person, from the queue of unemployment or the queue of hunger in search of the necessary food, and from the bed of the sick …

The Gospel of this first Sunday of Advent invites us to be vigilant, in expectation of the final coming of Christ: “watch, for you will not know when the owner of the house will come (Mk 13,35,37). It is time to be attentive to so many injustices and inequalities; attentive to those who suffer the most from the consequences of the pandemic; attentive to so many unemployed people without financial resources to support their families, attentive to what the Spirit is telling us in the signs of the times, attentive to discover the face of Christ in those who need it …

I believe that Advent can only be celebrated from a deep solidarity with the greatest desires of humanity, from the concrete hopes of the people, those near and far, hopes of flesh and blood, with names and surnames. This humanity is what God wants and what we must prepare for. A possible prayer for this time may be to ask ourselves what the people are waiting for, what are their real hopes, so we are able to put them before the Lord and say “Come, Lord Jesus! on this specific reality, on this specific person.

Pope Francis in his encyclical «Fratelli Tutti» invites us to build a new, more fraternal humanity, in which everyone has the roof and bread needed to live, in which there is no discrimination on the grounds of race, social condition, poverty. We are all sons and daughters of God, He loves us and wants for each one a present and a future full of life. Let us take care of the earth that gives us food and take care of each other, especially those most in need.

Sisters, let us walk this Advent journey, hand in hand with Mary our Mother, may she teach us to believe, hope and love all humanity.

I wish you all a happy and holy Advent.

A fraternal hug and my prayer,

Sor Mª Asunción González, O.P.

General Priorest

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