Hace ya 30 años que nuestro Instituto empezó a germinar en tierras coreanas, en Corea del Sur. El día 30 de septiembre celebran el aniversario de los comienzos, una misión que ya funciona como delegación dentro del Instituto, pues ya son 49 hermanas y muy jóvenes. Fieles a Santo Domingo que decía que “el trigo amontonado se pudre”, nuestras hermanas, en concreto 13 de ellas, ya están evangelizando fuera de su país. Son muy buenas misioneras. El espíritu dominicano se plantó en Corea, creció y se expandió.

He recibido la gracia de acompañar a la Priora General, Sor Asunción en visita fraterna a Corea. Aquí hemos estado desde el día 11 de septiembre hasta el día 28 de mismo mes de 2014.

Al llegar a Corea se percibe que aún perdura la resonancia de la visita del Santo Padre Francisco a esta tierra hace como un mes, para reunir los jóvenes de Asia, y donde beatificó a 124 mártires de Corea. Pasamos con las hermanas coreanas por los sitios donde estuvo el Santo Padre, al norte del país. Me emocioné al ver los cristianos tan fervorosos en la Iglesia donde se llena siempre, además hay grandes Iglesias con cruces que dominan el pueblo y la ciudad por todos los sitios. Esto quiere decir que vive Jesucristo, y que está muy presente en toda Corea.

Agradezco mucho a Dios la oportunidad de haber vivido cerca de Corea, por eso desde Japón tuve la ocasión de visitar la misión y a las hermanas muchas veces en los inicios de esta misión. Aunque yo no podía hablar en Coreano, pero también es cierto que hay otras formas de comunicarnos, y cuando nos une una misma fe y misión, la sintonía surge enseguida. Ahora cuando he regresado, ya puedo identificar el nombre y la cara de las hermanas. Cada vez que vengo me emociono al ver cómo va creciendo la misión y el número de hermanas, haciendo florecer el carisma misionero de Santo Domingo en esta tierra regada también con la sangre de muchos mártires coreanos. Hermanas en nuestro P. Santo Domingo, sigamos creciendo allí donde el Señor nos quiera plantar. Él nos seguirá siendo más útil desde el cielo, nosotras continuaremos su obra evangelizadora por el mundo.

Muchas gracias a todas y cada una de las hermanas coreanas, por su acogida, sus detalles de cariño, de regalo, de interés, por todos sus desvelos para con nosotras en todo momento. Vuestro agradecimiento para con nosotras ha sido muy cuidado y esmerado. Que el Señor os bendiga siempre y sobre todo que siga creciendo la semilla del Evangelio entre la gente joven, para que llamen a nuestra puerta.

Sor Eugenia Ikeda, O. P.

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