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2021

Carta de la Priora General – Ntra. Sra. del Rosario

Por | 2021, Carta de la Priora General

 

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO 2021

 

Queridas hermanas:

            Estamos comenzando el mes de octubre, el  llamado “mes del Rosario” y en él celebramos la fiesta de Nuestra Madre, la Virgen del Rosario.   ¿Què  mejor manera de honrarla que rezando el rosario?  Tantas veces ella misma se ha aparecido con “rosario en mano”. A ella le gusta, porque aunque pueda parecer que el  rezo del rosario es una manifestacion de piedad mariana (desde luego lo es), sin embargo su fundamento es cristológico, el protagonista es Jesucristo, el Hijo de Maria Virgen.

            En efecto, los diversos misterios del Rosario, son como  “fotografías“ de momentos emblemáticos de la vida  de Jesús vistos desde la mirada de Maria. En el evangelio del día de su fiesta (Lc 1, 26-38), contemplamos el misterio de la Anunciación del arcangel San Gabriel a la Virgen.  Es muy importante el diálogo entre el mensajero y María; importante en su SÍ, “hágase en mí según tu palabra”. Importante porque marcó el comienzo de la realización de la promesa de salvación: la Encarnación del Hijo de Dios. El protagonista es Jesús que se encarnó en su vientre; María actua como instrumento.

            El rosario es una oración sencilla y profunda que nos conduce a la contemplación del rostro del Señor. De las manos de María vamos al Hijo. En la contemplación de cada misterio del rosario podemos aprender de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y experimentar la profundidad de todo el mensaje evangélico. El rosario se nutre directamente de las fuentes del Evangelio, por lo tanto nos facilita la asimilación de los valores evangélicos.

            Con razón, el Papa San Pablo VI, dijo del Rosario que es un compendio del Evangelio; pero  sin  contemplación, es un cuerpo sin alma y su rezo corre peligro en convertirse en una repetición mecánica.  El Rosario exige un rezo  pausado, reflexivo, atento que facilite la meditación de los misterios del Senor, vistos a través del corazón de Maria.

            Hermanas, que Nuestra Madre, la Virgen del Rosario, nos ayude a fortalecer nuestra unión y comunión con Cristo.

¡FELIZ DÍA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO!

                                                                                   Un fraternal abrazo y mi oración,

 

                                                                                   Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                                                                  Priora General

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Carta de la Priora General – Santo Domingo de Guzmán 2021

Por | 2021, Carta de la Priora General, Sin categoría

Queridas hermanas,

Un año más el Señor nos regala la posibilidad de celebrar la fiesta de Nuestro Padre santo Domingo. Este año en el contexto del octavo centenario de su “dies natalis” cuyo tema de celebración es “En la mesa con Santo Domingo de Guzmán”. Dicho lema deriva de la pintura denominada “Mascarella” la cual es la pintura más antigua sobre Santo Domingo y que refleja uno de los pilares fundamentales de la Familia dominicana La Vida Común; una mesa en torno a la cual se sientan sus hijos/as como familia, en comunión y comunidad.

            Y es que la vida comunitaria para Santo Domingo constituye un valor y un pilar fundamental. Teniendo que escoger una Regla para la Orden, escogió la de San Agustín que comienza recordando a los religiosos que “ellos habitan en una misma casa para formar una sola familia y tener un solo corazón y una sola alma en Dios”.  La vida comunitaria es el suelo fértil donde cobra fuerza la misión, la predicación, por eso a sus novicios les pedía dos cosas antes de aceptarlos en la Orden: obediencia y compromiso de vida comunitaria. 

            Queriendo imitar en toda la vida de los Apóstoles, Domingo tenía como modelo para la comunidad de sus hermanos la primitiva comunidad apostólica. En esta comunidad los primeros cristianos “acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo”. 

            Domingo vivía integralmente la vida comunitaria. Participaba siempre en los actos de la vida común y se sometía en todo a la comunidad.  “Observaba en todo y por todo la Regla -dicen los testigos en el proceso de canonización- y no se dispensaba con facilidad.  Seguía totalmente a la comunidad en el coro, en el comedor y en los demás lugares.  ” En cuanto a las comidas y a los horarios, se adaptaba en todo a la comunidad, y aunque pasase con mucha frecuencia las noches orando en la iglesia, participaba siempre con sus hermanos en el rezo matutino”. Pero la vida comunitaria no se realiza sólo con la presencia en los actos comunes, podemos estar presentes físicamente pero muy lejos afectivamente; de todas es sabido los gestos y detalles de cercanía y ternura de nuestro padre para con las monjas y hermanos. Santo Domingo nos enseña que la vida en común exige caridad con las debilidades de cada hermana, inclusión y participación activa de cada una en la marcha de la comunidad, alegrarse con la que está alegre y compadecer a la que está triste, escuchar y aceptar a todas.

            Significa también poner todo en común; no sólo lo material, el fruto del propio trabajo, sino también los valores, dones y cualidades de los que goza cada hermana; compartiendo  las propias ideas, ayudándose mutuamente y anteponiendo el bien común al bien personal.

            Creo que si Domingo fue un ejemplo de vida comunitaria fue debido a su humanidad, porque era plenamente humano.

La humanidad de Domingo está hecha de contrastes: vigor y ternura, decisión y apertura, firmeza y compasión.

Domingo tuvo que superar muchos obstáculos, muchas adversidades en su vida, sin embargo, nada de dureza, rigidez e intolerancia se descubre en su carácter. Según la memoria de quienes convivieron con él, Domingo destacaba sobre todo por su ternura, sensibilidad y compasión, virtudes que humanizan.

Vivió y experimentó plenamente lo que afirma Papa Francisco “sólo la ternura puede cambiar las personas”.

A Domingo se le rompía el corazón y se le conmovían las entrañas ante el sufrimiento y la necesidad ajena. Salía de sí mismo para ponerse en el lugar del otro, sintonizaba fácilmente con el dolor y alegría de los demás. Tenía un trato cálido y humano con todos, rasgos de su auténtica humanidad; no sólo se compadecía internamente, también reaccionaba ante las injusticias y necesidades de los demás. Conocemos muy bien los múltiples episodios de su vida en que intentó remediar el mal ajeno a cambio incluso de entregar su propia vida.

El Maestro de la Orden, Fr. Gerard, nos interrogaba en una de sus cartas a causa del jubileo: ¿Qué significa para nosotros estar a la mesa con santo Domingo aquí y ahora?

 Hemos de hacernos esta pregunta en este tiempo en el que aún el miedo al contagio del Covid 19 nos amenaza e interpela y puede servir como excusa para “mantener las distancias”.

 Pienso que sentarse hoy a la mesa de Domingo implica ante todo estar atentas a las necesidades de la hermana, a la más débil, a la más necesitada y a la que aparentemente es autosuficiente; escuchar pacientemente a cada una, sus miedos, sus preocupaciones, sus ansias y promover que cada hermana pueda expresar libremente sus preocupaciones y ser consolada con respeto y amabilidad. No todas tenemos la misma sensibilidad y vivimos los “temores” de igual manera, “las más fuertes han de sobrellevar las flaquezas de las más débiles”. 

Sentarse hoy a la mesa de Domingo nos compromete a atrevernos a hablar mutuamente y con veracidad de lo que nos preocupa en nuestra comunidad, de lo que nos molesta y de lo que nos agrada y también de lo que preocupa  a nuestros hermanos los hombres; para ello hemos de apoyarnos, sostenernos mutuamente y discernir seriamente qué es lo que hoy urge en nuestra sociedad.

Una comunidad no avanza ni humana ni espiritualmente si no se alimenta, se expresa y se sacramentaliza con gestos, actitudes y palabras. Sólo si expresamos nuestra humanidad y ternura como lo hizo nuestro padre podremos testimoniar la grandeza del  amor y comunión y reaccionar ante los gritos de injusticia y necesidades de la humanidad. Domingo observa la realidad de su entorno y se implica y compromete para hacer un mundo un poco mejor.

Aprendamos de Domingo a prestar atención a las hermanas con las que convivimos, a asumir y acoger sus debilidades y vulnerabilidades, como él asumió la de los frailes con los que convivió, pero evitando cerrarnos en nosotras mismas y abriendo, como él hizo, nuestros ojos, oídos y brazos al llanto del necesitado.

Creo que Domingo se sentiría feliz hoy, viviendo en comunidades donde hay inquietud por quererse y apoyarse, y por discernir los signos de los tiempos para hacer que esta humanidad sea un poco menos doliente.

FELIZ FIESTA DE STO. DOMINGO. Que este año jubilar nos sirva para renovarnos seguiendo las enseñanzas de nuestro Padre.

 

Un fraternal abrazo y mi oración,

 

                                                 Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

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Carta de la Priora General – Santa Catalina de Siena 2021

Por | 2021, Carta de la Priora General

Queridas Hermanas,

El día 29 celebramos la fiesta de nuestra hermana Santa Catalina de Siena y quisiera compartir con todas vosotras estas reflexiones.

Hablar de Catalina de Siena, es hablar de una de las figuras más admirables y entrañables de la Iglesia Católica. A lo largo de su vida, esta mujer sencilla sirvió incansablemente de manera humilde y sacrificada, servicial y generosa, con una entrega sin limites y valiente, al mandato de su Señor, al servicio de la Iglesia y del Romano Pontífice.

En Catalina el hablar de la Iglesia no es una manera de hablar cualquiera: es hablar de la Iglesia con pasión; la Iglesia a la que amó, por la que vivió y murió: “Si muero, sabed que muero con pasión por ella, Iglesia que es el Cuerpo místico de Cristo.”

Hablar de la Iglesia en clave cateriniana, es hablar de una Iglesia que no se desentiende de los conflictos temporales, porque le preocupa la persona y su plena realización, pero está muy lejos de alianzas interesadas y de privilegios temporales. San Juan Pablo II, al declararla Patrona de Europa dijo “la joven sienesa entró con paso seguro y palabras ardientes en el corazón de los problemas eclesiales y sociales de su época”.

Nunca dudó en ofrecer todos los momentos de su vida por la unidad y fidelidad a la iglesia hasta la hora de su muerte. Así nos lo indica su oración en el lecho de la muerte: “Dios eterno, recibe el sacrificio de mi vida a favor del Cuerpo místico de la santa Iglesia. No tengo otra cosa que darte si no es lo que tú me has dado a mí. Toma mi corazón y estrújalo sobre la faz de esta esposa”.

Pero si observamos con detenimiento su vida, nos damos cuenta que exprimió su vida anunciando con orgullo la llamada universal a la santidad, la obediencia al Magisterio de la Iglesia, el cariño filial al Santo Padre y la certeza de que, sin Jesucristo, cualquier proyecto humano es imposible.

Cuentan que una mañana, al despertarse de una experiencia mística, Catalina confió a su confesor haber escuchado al Señor pronunciando estas palabras: “la celda ya no será tu habitación habitual, al contrario, para la salud de las almas, te tocará salir de tu misma ciudad…; llevarás el honor de mi nombre y mi doctrina a grandes y pequeños, clérigos o religiosos. Pondré en tu boca una sabiduría de la que nadie podrá resistirse. Te llevaré delante de Pontífices, los jefes de las iglesias y el pueblo cristiano, para que, a través de los débiles, yo humille la soberbia de los fuertes”.

El Padre Timothy Radcliffe, con motivo de la proclamación de Catalina como doctora de la Iglesia, dirigió a toda la Orden una carta en la que pone de relieve la actualidad de su mensaje porque “la Europa de Catalina, como nuestro mundo hoy, estuvo marcada por la violencia y por un futuro incierto…Había un declive de vitalidad en la Iglesia y una pérdida de identidad, así como una crisis en la vida religiosa. Ella  no se resignó ante este sufrimiento y división, sino que se lanzó a la nada fácil tarea de la reforma y pacificación de la Iglesia y la sociedad, y lo hizo porque la devoraba la urgencia de llevar a todos el amor y la misericordia de Dios”.

Catalina nunca sacrificó la verdad o la justicia por una paz fácil o a bajo precio. Ella supo ponerse a la altura de las circunstancias, como laica y como mujer, desempeñando un papel significativo en la Iglesia y en la sociedad. Llegó a ser en el seno de la Orden de Santo Domingo, la encarnación femenina de su proyecto evangélico, convirtiéndose para todas nosotras en un referente indiscutible a lo largo del tiempo.

Hermanas, ¿tenemos el coraje de asumir, como Catalina, la misión de ser pacificadoras en la comunidad, la Iglesia y la sociedad?

Santa Catalina, en tu fiesta te pedimos que nos enseñes a ser como tú, mediadoras de unidad, instrumentos de paz, defensoras de la justicia, amantes del diálogo con Dios y con los hermanos.

¡FELIZ DÍA DE SANTA CATALINA!

Un abrazo fraternal y mi oración,

 

 

                                                 Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

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Carta de la Priora General – Cuaresma 2021

Por | 2021, Carta de la Priora General

Muy queridas Hermanas,

           

            Un año más nos adentramos en el tiempo de Cuaresma y el Señor pone ante nosotras la opción de tomarnos un tiempo más dedicado a la oración. La Cuaresma es un tiempo perfecto para volver a lo sencillo, a lo pequeño, a lo escondido.  Y, desde allí lo que nos tienta, limpiar el corazón.  ¡Qué tiempos estos que nos han tocado vivir! En este escenario de muerte y enfermedad, de desesperanza y miedo, nosotras estamos llamadas a ser la luz de la esperanza, las mensajeras del amor y el perdón de Dios. Y esa luz solo brilla cuando la alimentamos con la oración y la contemplación callada, expectante.

            En este tiempo de Cuaresma que comenzamos, renovemos nuestra decisión de dejarnos transformar por la abundancia de la misericordia de nuestro Dios.

            El Santo Padre en su mensaje de cuaresma nos propone el ayuno, la oración y la limosna, que son las condiciones y la expresión de nuestra conversión.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

            La ORACION, que nos mantiene despiertas al Misterio de amor que nos habita. Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotras. La oración nos permite encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

            La fe nos llama a acoger la Verdad que se manifestó en Cristo y a ser sus testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

            El Papa Francisco nos dice que, en el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza, como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y decisiones de nuestra misión. A veces para dar esperanza, es suficiente con ser una persona amable, que deja a un lado sus preocupaciones para prestar atención al otro, bien sea con una sonrisa, con una palabra de estímulo, o simplemente con un tiempo de escucha.

            El ayuno. El ayuno vivido como experiencia de privación, para abrir nuestro corazón y misericordia hacia aquel que está en necesidad. El ayuno nos libera de todo lo que nos ata y compartámoslo con los pobres y necesitados, sabiendo que, todo lo que hagamos por ellos, lo estamos haciendo por el mismo Dios. Preguntémonos cómo impactan en nosotros las necesidades de los más pobres y cómo actuamos en consecuencia. Lo poco que tengamos, si lo compartimos con amor, transforma nuestra vida y crea felicidad.  Compartir nos dice el Papa, nos hace más humanos, mientras que acumular conlleva el riesgo de embrutecernos ya que nos cerramos a nuestro propio egoísmo.

            La caridad es un don que da sentido a nuestra vida. Vivir una cuaresma en caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, víctimas de los flagelos de nuestro tiempo, abandono, angustia, con un futuro incierto a causa de la pandemia de COVD 19.

            Hermanas, en este tiempo de cuaresma revisemos nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios, para cambiar nuestro corazón y aprender a vivir de una manera más humana, porque Dios está cerca y quiere sanar nuestra vida. Por eso la conversión no es algo triste, sino el descubrimiento de la verdadera alegría.

            Pidámosle a Maria, nuestra Madre, que sea Ella quien nos mantenga decididas y despiertas en esta Cuaresma y que nos ensene a dejarnos despojar cada día para aprender a vivir con alegría la libertad de hijas de Dios.

 

                                                                       Un abrazo fraternal y mi oración,

 

 

                                                 Sor Mª Asunción González, O.P.

                                                         Priora General

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